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25/04/2012

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La Madre Tierra, vivir o morir con ella.


Cecy Valerio.

 

“Cuidar significa un gesto amoroso para con la Tierra. Es la mano extendida para la caricia esencial, a fin de protegerla y defenderla. Es lo que hoy significa, garantizar su sostenibilidad.” Leonardo Boff.

 

El pasado 22 de abril se conmemoró el Día Mundial de la Madre Tierra, proclamado así en la Declaración de Río el 22 de abril del año 2009 por la ONU. Llama la atención del término “madre” con que se refieren a la tierra y no sólo “planeta”. Esto tiene sus orígenes. Nuestros ancestros se dirigían a la tierra como quién la habla a una madre. Los incas le decían Pacha Mama y los griegos Gaia (tierra viva, que engendra), para otros pueblos de Mesoamérica era Tonantzin.  De ahí viene  la veneración, el respeto y la profunda colaboración y reverencia para y con la Madre Tierra.

Esta concepción la conservan los pueblos indígenas que habitan el planeta hoy en día.  “Ella es la madre del indio, como ellos se dicen. Se sienten unidos a la energía de las aguas, montañas, de las florestas,  de la estrellas, del viento y el fuego”, menciona Leonardo Boff . Me imaginé la sensación que se experimenta cuando uno camina descalzo sobre la arena de una playa,  sobre la tierra,  el pasto verde o sobre las piedras de un río que corre:  Te sientes en unicidad con la Tierra, como parte de la misma y no sobre la misma.

Sin embargo, mucho hemos olvidado de esto. El ser humano ha  tomado con arrogancia y superioridad la premisa de que somos la obra maestra de la creación. Por supuestos que lo somos. Fuimos creados a la imagen y semejanza del Creador. Sólo a los humanos nos dotó de mente, alma y espíritu. Esta grandeza con la que fuimos creados implica, desde los orígenes,  una misión: la de cuidar y defender, más aún, amar la Tierra.

 Nos sentimos superiores a la naturaleza, no parte de la naturaleza. Sin embargo no somos habitantes de la Tierra, sino somos Tierra.  Vamos a donde ella vaya, a su mejoramiento o a su destrucción. Lo que le hagamos, nos lo hacemos invariablemente.  Tenemos un mismo destino. Recordemos que fuimos los últimos en llegar a la creación. Esto significa que la naturaleza y en sí, la Tierra y el cosmos, bien pueden arreglárselas  sin nosotros.  ¿Podremos nosotros?

Hoy en día la humanidad consume más del 30% de lo que la Tierra puede producir. Si todos los habitantes del planeta consumieran la  misma cantidad que los habitantes de los países ricos  (Un norteamericano consume 80 veces de lo que consume  un haitiano, llámese comida, energía, madera, ropa, etc.) se necesitarían otros tres planetas tierra iguales y no serían suficientes (L Boff). 

Las  consecuencias  de la explotación de los recursos naturales y de la contaminación ambiental que produce la industria moderna para atender las demandas de consumo de la población, las conocemos:   calentamiento global, desertificación, deshielo de los casquetes polares, extinción de especies, cambios climáticos que dan origen a desastres naturales como inundaciones y sequías.

No obstante, seguimos en el trono. Ahora la geo-ingeniería presume de inventos para alterar ecosistemas completos (cómo hacer que llueva, por ejemplo), cuando el cosmos, el universo, los ecosistemas fueron creados para vivir en perfecta armonía, incluyéndonos a nosotros, los humanos, no para trastocar y romper dicha armonía, sino para sentirnos parte de ella y captar la armonía y la espiritualidad del cosmos.

Así como aprendemos a escuchar los mensajes de nuestro cuerpo y nos damos cuenta de que necesita atención y cuidados, o sabemos si le duele algo y se enferma, deberíamos escuchar e interpretar los mensajes de la Tierra. Mafalda, inocentemente,  decía: “Deténganla, que me quiero bajar”, refiriéndose al sufrimiento de nuestra Madre Tierra y, evidentemente, al nuestro propio.

Las Naciones Unidas apuestan por un desarrollo y un progreso sostenibles, una agricultura sostenible, una base ambiental sostenible, por una buena  gestión de los recursos naturales  de la Madre Tierra. En nuestros pequeños ámbitos, hogar, escuela, trabajo, medio ambiente, la visión debe ser integradora.  Aplicar las tres Rs (reducir, reusar y reciclar) para tener una vida sana y un consumo responsable.

 Educar a nuestros hijos y a nuestros alumnos no solo en el respeto y cuidado a la Madre Tierra, sino en el amor y reverencia a la misma. Esto no se contrapone a ninguna religión, sino que la enriquece. En la belleza de la naturaleza está la mano del Creador.  La pregunta preocupante de padres y maestros es: ¿ Qué planeta le estamos dejando a nuestros hijos? Con una visión integradora y holística de la educación, podremos invertir la pregunta y cuestionarnos: ¿ Qué hijos le estamos dejando al planeta,  a la Madre Tierra?

 





Etiquetas:   Comunicación

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