La tragedia que afecta a Japón tras los golpes sucesivos del terremoto, el tsunami y la crisis nuclear debida a los daños sufridos en sus reactores, es una muestra clara de cómo los fenómenos de la naturaleza pueden destruir o reconvertir, de un momento a otro, un país, una ciudad o una determinada forma de vida. Fue cuestión de horas para que de la tranquilidad se pase a la zozobra, el temor y sobre todo a la incertidumbre: se perdieron muchas vidas, hay muchos daños materiales y persiste la amenaza de desastre nuclear, por lo que al dolor y al temor hay que sumarle la duda de cómo saldrá el país en cuanto a su economía, su desarrollo y la calidad de vida de su gente.



