A muchos mediocres les cuesta asimilarlo; la genialidad ajena afecta a los propios intereses; por la impotencia que se experimenta de no alcanzar las lejanas metas del ingenio de otros y por la mermada competitividad de las insuficientes virtudes derrotadas por quien las tiene todas. Es una cuestión de pura envidia, insana y proclive a la falacia que se alía con otras envidias de tantos mediocres para asaltar al genio. Estamos en España y a nadie sorprende la actitud.




