En la columna del viernes pasado,
reflexionábamos acerca de que hasta ahora lo que más ha llamado la atención en
la primera parte de la campaña por la Presidencia de la República ha sido el
encono entre candidatos y simpatizantes, una campaña circunscrita al odio no
hacia las propuestas, mas allá de la rivalidad el enfrentamiento obedece a una
estrategia.
La planificación de este escenario se
inclina por supuesto al factor de las cifras, las tendencias van marcando el
sentido de las maniobras que buscan la obtención del beneficio, para el PRI de
mantener la ventaja y para Acción Nacional de revertirla.
Mención aparte merece la actitud de Andrés
Manuel López Obrador que se mantiene al margen del golpeteo y tal vez por eso
sea quien tenga más seguro su voto duro como a continuación explicaremos, López
Obrador es quien mejor ha entendido el escenario.
De Gabriel Quadri, no hay mucho que decir,
su objetivo únicamente se refiere a mantener el registro del partido del que es
candidato.
Y es que una vez más son las empresas
encuestadoras, como también ya lo explicamos en ocasión anterior, quienes en su
función de tratar de influir, más que de informar, ponen sobre la mesa de
discusión y análisis, datos que independientemente de señalar las preferencias
actuales, hacen vislumbrar un panorama muy complejo.
Desde nuestra muy particular óptica la
exposición de esas cifras pretende establecer que pueden surgir modificaciones
que alteraran las tendencias actuales y las encuestadoras no quieren que se les
acuse de no atinar al resultado final.
La presentación de las eventuales
variantes infiere que será imposible llegar al final del proceso con los
márgenes de ahora, es un antecedente que anuncia que habrá cambios, por ello la
insistencia de estas empresas de señalar su importancia.
Más aun cuando quien más insiste en la
exhibición de estas mediciones es precisamente la empresa mas vinculada a quien
se marca como el favorito, de otra forma no podría entenderse que Consulta
Mitofsky que abiertamente apoya al PRI y que trabaja para ese Partido sea quien
mas este poniendo el dedo en la llaga.
En algún momento se pudo pensar que esta
situación fue una pifia, sin embargo como ha sido muy repetitiva no puede caer
en esa consideración, se trata pues de un escenario real y reconocido.
Entrando en materia y según datos
recopilados de las mismas encuestadoras, haciendo un resumen que promedia sus
propias cifras, la suma del segmento de los indecisos que ronda en el
veintinueve por ciento y de los volátiles en el veinticinco nos da un total del
cincuenta y cuatro por cierto del universo, cifra mucho mayor a la de cualquier
candidato.
Eso sin contar que este análisis también
refleja que un veintitrés por ciento de las mediciones reportan que habrá un
claro voto diferenciado y eso se entiende bajo el concepto del interés del
ciudadano por lo que pasa en su entidad en contra parte a lo que acontece a
nivel nacional.
Si bien es cierto que en el apartado de
los indecisos es muy complicado prever tendencias finales y cuál será el
porcentaje que se repartirá entre los distintos candidatos y el que
corresponderá al abstencionismo, en el caso del denominado voto volátil, si se
pueden conocer los márgenes.
La característica del volátil es de origen
muy interesante e infiere por su naturaleza que puede producir una enorme
confusión, misma que también puede modificar severamente cualquier predicción.
El volátil manifiesta una preferencia
específica al momento de la encuesta, sin embargo acepta que según el
desarrollo de los acontecimientos de las campañas políticas puede cambiar su
sentido a favor de otra fuerza o candidato.
En este margen la estadística mantiene el
nivel reportado al inicio de las campañas, es decir que del total de las
preferencias a favor de Enrique Peña Nieto, el doce por ciento del porcentaje a
su favor se considera así mismo volátil.
El de Josefina Vázquez Mota aumento un
punto para colocarse en el siete por ciento, mientras que el de Andrés Manuel
López Obrador bajo medio punto, al cuatro punto cinco por ciento.
Con estas cifras los estrategas de campaña
elaboran las agendas de sus candidatos, bajo el entendido de que la verdadera
batalla no está en la lucha por el voto duro, sino por el de los indecisos y el
volátil, que si bien es un campo amplio y fértil, también es al más difícil de
acceder, pero que sin duda será el que termine por definir la elección.
Son precisamente estos datos los que han
llevado al Partido Acción Nacional y su candidata a endurecer sus ataques y
críticas en contra de Peña Nieto, para intentar restarle ese doce por ciento de
volátiles.
La campaña llamada guerra sucia en contra
del candidato priista se ha centrado en su gestión como Gobernador del estado
de México, básicamente exponiendo que no cumple lo que promete, con la
intención de exhibirlo ante la opinión pública, claramente enfocada a los
segmentos a los que nos hemos referido, porque su voto duro seguirá siendo el
mismo y esa publicidad no hará mella en su intención.
Ahora bien lo que habría que valorar es si
la estrategia del PRI en este caso es la correcta, porque si el mercado al que
debe de enfocarse no es su voto institucional, contestar las agresiones con más
ataques no significa la mejor de las opciones cuando se trata de mantener la
supremacía sobre el rival, que lo que quiere es precisamente eso, llevar las
cosas al límite, desbordarlas y al parecer en el PRI no se dan cuenta de ello.
En el PAN saben que estos ataques tarde o
temprano le restaran a Enrique Peña, lo que no significa que les beneficie
directamente a ellos, sin embargo debilitar al rival más fuerte como sea es un
avance dentro de su estrategia.
Personalmente sigo pensando que amplios
sectores del Revolucionario Institucional, a diferencia de su propio candidato,
se equivocan desplegando una guerra de insultos, contestando a sus agresores en
el mismo tenor, no se trata de no defenderse sino de cómo hacerlo,
la polarización y la ira solo ahuyentan al indeciso y pueden provocar que el
volátil se desencante.
La agresividad manifiesta de los
simpatizantes priistas proviene del apartado del voto duro y esos no cambiaran
su intención pase lo que pase, sin embargo traicionan su propia causa al vender
una imagen soberbia e intolerante que no corresponde al momento y las
circunstancias.
Hay una enorme diferencia entre lo que
hace Peña Nieto como candidato y lo que realizan sus simpatizantes, el evitando
mientras que muchos de ellos, que son miembros formales de la estructura del
Partido y funcionarios públicos, dan rienda suelta a la batalla de los
insultos.
Estos últimos no están buscando votos más
allá de sus propias estructuras, se solazan en su aparente ventaja y se limitan
a ellos mismos y eso no les dará superioridad, simple y llanamente se
concentran en una ofensiva personal, que en la grosería y la descalificación al
rival solo desnudan su lambisconería, como argumento individual para agradar a
sus superiores en busca de mejores espacios.
En el PRI la campaña se está enfocando
hacia el voto duro nada mas, en tratar de no cometer más errores y finalmente
eso los puede poner en aprietos, por desdeñar segmentos que de entrada son
mayoritarios y para los cuales no hay atención.
La falta de comunicación entre el
candidato y la dirigencia nacional con sus bases está creando dos escenarios
contrastantes que al final les perjudicaran a ellos e irremediablemente les
beneficiaran a otros.
Solo hay que ver a López Obrador, que a
pesar de su posicionamiento en las encuestas es el único que se dedica a buscar
al indeciso y al volátil.
Finalmente la reflexión sigue siendo la
misma, no hay todavía nada escrito y la derrota o la victoria dependen de cada
candidato, pero sobre todo de lo que hagan y como lo hagan a partir de este
momento.
guillermovazquez991@msn.com
twitter@vazquezhandall