Las inutiles campañas del encono

Confesiones.

 

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A poco más de tres semanas de que diera inicio formalmente la campaña por la Presidencia de la República, periodo que coincidió con la culminación de las vacaciones de semana santa, situación que sin duda influyo en el desarrollo de las mismas, lo único que se puede resaltar a forma de resumen, es que la característica principal de esta primera etapa ha sido el encono.

Si bien es cierto que la época de asueto freno considerablemente el despliegue de los candidatos, también hay que señalar que en vez de propuestas serias lo que se ha escuchado han sido fundamentalmente ataques.

Si analizamos particularmente las posiciones en cuestión de actitud del Partido Acción Nacional y el Revolucionario Institucional, porque Andrés Manuel López Obrador deliberadamente se ha mantenido al margen de esta tendencia, en ambos casos la pauta ha estado orientada a la descalificación y el golpeteo entre ellos, todavía sin argumentos que se relacionen con planteamientos o propuestas de gobierno.

Como si se tratara de un partido de futbol y sus seguidores se asumieran como hinchas rabiosos, cada facción ocupando una tribuna del estadio, priistas y panistas se ha dedicado a corear las agresiones que suceden en la cancha.

Incluso siguiendo con este ejemplo y considerando que el partido hasta ahora está resultando bastante aburrido, los simpatizantes de cada fuerza han optado por convertirse ellos en protagonistas del encuentro, mediante la elaboración y expresión de consignas en contra de sus rivales, que independientemente de lo que sucede en el terreno de juego, están llevando las cosas al borde del fanatismo.

La exacerbación está transformándose en ira, pareciera que se tratara de imponer un sentimiento faccioso por encima de la cordura y la competencia, porque el contraste no está en la diferencia de las propuestas y su discusión, sino en la capacidad de ofender.

Esto no es más que el reflejo del ejemplo que la misma clase política ofrece tanto a sus seguidores como a la sociedad en general, la nuestra es una clase política que privilegia el rencor por encima de los acuerdos y la razón.

Lejos de pensar que transitamos por un proceso electoral maduro, la impresión es la de una batalla cargada de odio, sin caer en la cuenta de que al final de la historia, quien resulte vencedor habrá de gobernar para todos.

En esta dinámica la tendencia es elevar el tono de la agresión, sin importar que eso hará que después sea muy difícil curar las heridas, porque esta polarización en aumento difícilmente terminara después de la elección, la división no obedece a una simple rivalidad política, se está llevando por cauces irresponsables y peligrosos.

La carencia de propuestas se está convirtiendo en un pretexto para transformar el debate, llevarlo a un terreno hostil que va mas allá de una rivalidad madura, de una competencia que al final de cuentas nos involucra y afecta a todos sin distingo.

Se trata de una elección presidencial no de una guerra civil, quienes fomentan este escenario evidentemente se equivocan, de entrada porque como lo hemos comentado en diversas ocasiones, las encuestas señalan que el porcentaje tanto de los indecisos como de los volátiles es muy alto y va en aumento. Estas actitudes solo favorecen el aumento de la indecisión y el probable cambio de sentido del voto de los volátiles.

Estas condiciones pandilleriles no podrán entusiasmar a nadie, por el contrario fomentan el desinterés y el hastió, por principio de cuentas porque este activismo mal entendido se circunscribe fundamentalmente a los protagonistas de la contienda y sus seguidores cercanos, no es una actividad mayoritaria.

En todo caso, quienes se enfrascan en esta lucha pugilística estéril son elementos que pretenden congraciarse con sus superiores, a manera de quedar bien con ellos de tal suerte que eso les permita acceder a beneficios de carácter personal.

Lamentablemente la difusión de estos desencuentros favorece la imagen de que es la sociedad la que participa de los mismos, cuando realmente no es así, el encono se concentra en grupos reducidos, pero muy activos, no es como decíamos una práctica colectiva ni por mucho.

Sin embargo y gracias a la publicidad que logran estas expresiones, lo único que se consigue es que menos se atienda el asunto de fondo, las propuestas de gobierno, su análisis y respectivo debate, que es en lo que realmente deberíamos estar concentrados.

Independientemente de la gravedad del tono, los ataques por más agresivos que sean son intrascendentes, no son la base de una política de Estado y lo que está en juego es la definición del esquema sobre el cual queremos que se nos gobierne.

Desafortunadamente los candidatos del PAN y el PRI, de alguna manera una fomentándola y el otro evitandola y aun por omisión, están permitiendo esta coyuntura, a riesgo de que parezca que es impulsada o al menos permitida por ellos, de tal suerte que eso puede implicar en la creencia popular, que si esta es su estrategia, también así podrá ser su desempeño gubernamental.

Porque lo que hemos visto hasta ahora bien puede ser un presagio, las formas y los fondos en campaña hablan mucho de la personalidad de quien las abandera, por consiguiente son también un elemento de juicio.

Por un lado vemos a una Josefina Vázquez Mota, empecinada en mostrarse como una mujer débil, mas como una madre de familia que como una persona capaz de resolver las grandes asignaturas nacionales.

Los constantes errores de logística de su campaña, desnudan una profunda desorganización en su entorno, innegable falta de experiencia pero sobre todo de capacidad, que la hacen ver incapaz y muy solitaria, sin liderazgo.

Hizo cambios en su equipo de Campaña, pero estos no vaticinan una verdadera transformación, muchos Generales y poca tropa, la sensación de que estos obedecen más a la reubicación de fuerzas al interior del Partido, que a un deseo genuino de recomponer.

Mientras tanto Enrique Peña Nieto, se cobija en la gran producción de sus spots televisivos, misma que esconde la falta de propuesta a la que hacemos referencia, en su caso lo que se vende es un  producto diseñado por el marketing, que se exhibe en una clara tendencia de provocar emociones  y no convicciones en el espectador.

De ahí que sean los escenarios de fondo que se parecen más a una promoción turística, o aquel en que nos cuenta cómo fue su infancia, la parte más importante y no el dialogo.

Al menos en su caso se reconoce en comparación a lo que muestra la estructura de Acción Nacional, una muy desarrollada capacidad de organización logística, que mas allá de la sinceridad de lo que significan los eventos masivos producto del acarreo, al menos infiere una imagen de conocimiento de causa.

Suponemos que no será hasta la celebración del primer debate entre los cuatro candidatos, agendado para el día 6 de mayo próximo, cuando realmente podremos comparar con argumentos el sentido de sus propuestas, cuando en el encuentro frente a frente podamos observar, de que están hechos cada uno.

Porque aun y cuando, como es de suponerse sus respectivos simpatizantes se lancen de inmediato, una vez concluido el debate, no a fijar posturas, sino a continuar con esta guerra fratricida de descalificaciones e insultos agresivos, donde esos ciudadanos que se mantienen alejados de esta inútil confrontación, que son la gran mayoría, podrán tener mayores y mejores elementos de análisis.

A partir de ese momento seguramente las cosas tomaran un rumbo que se acerque más a la definición, porque si bien los debates no lo son todo, si pueden resultar determinantes para esclarecer el panorama de las preferencias.

Independientemente de ello y de los acontecimientos que se vayan sucediendo, es importante considerar que en el transcurso de la campaña, porque hasta ahora es lo que se ha visto, no siga imperando el encono, la ira desenfrenada, que solamente puede entenderse como el antecedente de un rompimiento que luego será muy complicado restaurar.

 

guillermovazquez991@msn.com

twitter@vazquezhandall

 

UNETE



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