Cecy Valerio.
“ El Dios en el que yo creo no
nos manda los problemas, sino la fuerza ´para sobrellevarlos”. Harold S.
Kushner.
Es difícil plasmar en palabras los
sentimientos, el recuerdo, la nostalgia, el dolor, que habitan en nuestros corazones cuando un
ser querido se ha ido. Resumir lo que Pepe significó en esta vida para muchas
personas, principalmente para su mamá, esposa e hijas, para sus hermanos,
alumnos y amigos, no es tarea fácil,
aunque estoy segura que todos coincidimos en que nos deja un hermoso recuerdo.
Sus pequeñas hijas, Maleny y Ximena, -mis
ahijadas-, sufren en este momento la pérdida de su papá amoroso, dispuesto,
alegre y responsable. No entienden por qué alguien tan bueno se tuvo que ir,
alguien a quien ellas necesitaban mucho. Sólo saben que Dios así lo dispuso y que estará con El en el cielo. Lo
vieron en su enfermedad de cáncer, pero
en ningún momento perdieron la esperanza de que se aliviaría pronto.
Lo recordarán con un buen padre que
supo darles cariño, tiempo, amor y educación. Que sembró en ellas el valor de
la responsabilidad hacia los estudios,
el respeto a sus semejantes, el gusto por los libros, el sentido de la vida en cada pequeño
detalle, que les inculcó una fe
inquebrantable en Jesús y una sencillez extraordinaria para vivir la vida con
entusiasmo y capacidad de asombro. Un padre que les habló con ternura y
firmeza, con dulzura e inteligencia.
Mi concuña Malena, su esposa, perdió a quien ella había elegido para compartir su vida.
No me atrevo a hurgar en su alma y decir lo que siente, sólo nos queda acompañarla, abrazarla, secar
sus lágrimas y orar por ella y por sus hijas. Por lo que vimos en nuestra
convivencia familiar, Pepe fue un esposo ejemplar para quien Male era lo primero,
lo más importante, lo más grande que él tenía. Era su gran amor.
Para señora Coco es el segundo hijo
que pierde y dicen que no hay dolor más grande que el de una madre a quien se
le muere un hijo. Nadie quisiéramos saber de ese dolor. Sólo nuestra Madre
María Santísima conoce ese sufrimiento y ha de darle el consuelo que necesita.
Ella tendrá a Pepe siempre en su corazón como un buen hijo, cariñoso, atento, “preocupón”, que siempre manifestó un gran admiración
y cariño por ella.
Los Vega son una familia muy unida.
Yo he aprendido mucho de ellos. Sus hermanos, Juan, Katy, Wintilo (mi esposo), Nora,
Marus y karla, al tiempo que lloran por
su partida, también evocan momentos inolvidables de toda una vida compartida,
desde que eran niños, hasta el viaje que hicieron juntos en noviembre pasado a
Ensenada . Pepillo era el hermano que
los hacía reír, les contaba chistes, narraba anécdotas, ponía sobrenombres, les
daba consejos. En la familia era un eslabón importante de esa unión que
menciono. Eslabón que sustituirán con la
fe, la fortaleza y el recuerdo alegre de Pepe.
Sus sobrinos tenían un tío que
siempre tenía tiempo para una “cascarita”, para platicar de sus cosas de
jóvenes, para vacilarlos y contarles chistes. Era una persona que sabía
escuchar a los chicos. Rico, Jake, Juan
Luis, Win y Rodry lo extrañarán mucho. Gaby, Cecy, Ivonne, Iraís y Karla,
sentirán la ausencia de un tío consentidor y comprensivo.
Sus alumnos han asistido en grupos a
la funeraria. En su tristeza se ve el aprecio que le tenían. Era para ellos el
profe Wintilo, una persona que, más allá de compartir sus conocimientos y
fomentar el amor al estudio, -principalmente de las Ciencias-, fue un maestro
que supo comprender a los jóvenes, encausarlos, animarlos, bien-aconsejarlos y acompañarlos. Su labor de maestro no era en
sí un trabajo, sino una vocación, un
llamado, un apostolado que ejerció con amor, entrega, conocimiento y
responsabilidad.
Amigos, familiares y conocidos lo
recordaremos como un gran ser humano, que se preocupó por su crecimiento
espiritual, que admiró la vida en su diario devenir, que nos hizo reír (eso es
un gran regalo). Lo visitamos en su casa el pasado Viernes Santo. Recuero que
nos dijo que él había descubierto a Dios en todas partes, en todas las personas,
en su corazón y en su enfermedad. Descanse en Paz Pepe.