Momentos previos al encuentro entre Chelsea y Barcelona, la controversia sobre enfrentamientos de un pasado cercano en la misma fase abundaban en la atmósfera de un par de clubes que prometían darle al presente, un deleite de riquezas tácticas, que efectivamente se plasmaron en el terreno de juego, protagonizando una valiosa victoria de un disciplinado equipo inglés, emanada de un festival del desperdicio obra de un conjunto blaugrana, desequilibrado en la efectividad de su definición.




