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Los indecisos el pretexto y fracaso de las encuestadoras


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16/04/2012

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Confesiones.


 

Independientemente de las preferencias que reportan las empresas encuestadoras cada semana, algunas a diario, en relación a la contienda por la Presidencia de la República, el dato que siempre sobresale es el aumento paulatino y considerable que se presenta en el segmento de los denominados indecisos, eso no puede ser simplemente una información ni aislada ni parcial.

Si partimos de la base de que las mediciones se realizan por encargo y que esto conlleva que estas se efectúen a modo de satisfacer las necesidades y las estrategias de quienes las contratan, podemos identificar de antemano un manejo arbitrario de las mismas.

Evidentemente la presentación de los resultados que infieren el nivel de preferencias, no solo sirve de manera interna para que los candidatos  y partidos, conozcan su posicionamiento, la estrategia de publicarlas conlleva la intención de un efecto para influir.

Las mediciones cumplen un objetivo mercadológico, la repetición exhaustiva de sus resultados es por sí misma una forma de manejar las tendencias y provocar efectos secundarios en los posibles votantes, señalar con demasía anticipación a un ganador o fomentar el voto útil son los mejores ejemplos.

Actualmente están sirviendo para exacerbar los ánimos y favorecer la guerra sucia entre candidatos y sus simpatizantes, para crear un ambiente de disputa que rebasa la cordura y eso habría que entenderlo también como un desatino mayúsculo.

Establecer de manera autoritaria y anticipada resultados, que según las mismas empresas no tendrían una mayor variación futura, incide en la conciencia colectiva de una sociedad acostumbrada a dar las cosas por sentado.

De esta forma más allá del pago que reciben por realizar las mediciones, las empresas encuestadoras se vuelven parte del proceso, porque la presentación de datos intenta crear predisposición para favorecer a sus clientes.

No se trata de un asunto de metodología, sino simplemente de intromisión  bajo la consideración de que se convierten en un elemento publicitario y no informativo.

Sin embargo el permanente aumento del número de indecisos, que además rebasa por mucho el antecedente histórico, significa dos aspectos fundamentales dignos del análisis, primero que esto resulta un fracaso para las encuestadoras y segundo que la situación permite pensar que esos reportes conllevan una intención de curarse en salud, dicho sea coloquialmente.

Un fracaso porque si lo que está aumentando es el número del segmento de los indecisos, entonces la intención de influir a favor de un candidato en particular no está funcionando, por el contrario pareciera que está generando mayor confusión.

Es indiscutible que si los indecisos se vuelven por porcentaje los protagonistas de las mediciones, es porque no hay realmente nada definido todavía, que independientemente de lo que hagan o dejen de hacer los candidatos, la intención de influir y crear tendencia bajo esta perspectiva es un desacierto.

Eso sin contar que todavía falta la realización de los debates, que sin lugar a dudas serán eventos que por sus características no solo va a cambiar los números actuales, sino que seguramente harán todavía más considerable la indecisión.

En esta reflexión no estamos abordando deliberadamente el tema que ya hemos comentado en ocasión anterior relacionado con otro segmento que no puede dejar de considerase, denominado voto volátil, aquel que aun y cuando muestra una intención, esta puede cambiar.

Lo mantendremos aparte fundamentalmente porque en este momento aun y cuando puede variar, significa una preferencia manifiesta, sin embargo hay que decir que puede exponenciar todavía más la fluctuación.

Porque más allá de los excesos de confianza y la autocomplacencia de quien teóricamente ocupa el primer lugar de las preferencias, el mensaje que de manera implícita recibe el electorado es que hay una mayoría que puede transformar las cosas en cualquier sentido.

Eso se contrapone a la intención manifiesta de controlar la expectativa social, por definición provoca un sentido inverso y pone las cosas en un estado de desconfianza, de incredulidad.

Ahora bien atendiendo el segundo de los aspectos a los que nos referimos, tomando en cuenta que la parte de los indecisos eventualmente puede cambiar el pronóstico actual y que por su naturaleza es imposible predecir hacia donde se moverán, que porcentaje se dividirá a favor de un candidato en particular, surge una sensación de que las empresas están preparando el camino de su propia protección.

Es natural pensar que el aumento de los indecisos está poniendo nerviosos a los mismos encuestadores, porque esto podría provocar que fallaran en el resultado final, toda vez que esos números extienden la incertidumbre.

La creencia de que el indeciso es el que finalmente no vota, no corresponde al momento actual, porque si bien se puede adelantar que el abstencionismo será grande, tampoco se puede determinar de qué tamaño será, la tendencia indica que no será tan amplio como en el pasado.

De esta forma, reportar periódicamente que el apartado de los indecisos se amplía cada semana, les sirve a las encuestadoras para  pretextar inconsistencias en la última medición, para ellos es un escudo ante el reproche que pudiera presentarse en caso de una modificación mayor.

Porque si suponemos que estas empresas siempre aducen la existencia científica de un margen de error, es evidente que este no corresponderá a la realidad si los indecisos deciden individualmente apoyar una candidatura que hoy no refleje el grado de simpatía que realmente pudiera llegar a conseguir.

Siendo así, independientemente de las instrucciones que reciben de sus contratantes, la mención permanente que se refiere a los indecisos va en contra del objeto publicitario, un reconocimiento implícito en sentido de la verdadera competencia, naturalmente lo que se observa es que la mayoría de estas empresas están poniendo el tema sobre la mesa como antecedente de lo que puede pasar.

Tradicionalmente es un asunto que no se mencionaba, los indecisos no habían sido factor hasta la anterior elección presidencial en la que su participación resulto definitoria, en esta ocasión parece que lo será todavía más.

Las encuestadoras como empresas ven mas allá de una elección, por eso no quieren acabar ellas mismas con el negocio, de tal suerte que independientemente de la manipulación que sabemos sufren las mediciones, en esta ocasión, la insistencia de hacer hincapié en el tema de los indecisos, bien pueden resumirse así:

Sabiendo ellas mismas, que con los datos reales que cuentan, no es posible establecer una predicción confiable, a pesar de lo que los partidos que les pagan les exigen que así sea, exponen de manera poco tradicional el apartado de los indecisos, porque las mismas empresas en su mayoría entienden que el resultado de la elección no se parecerá en nada a las estadísticas que hoy se publican.

De acuerdo a esa lógica y reconociendo de antemano su fracaso como creadores de tendencias, ellas mismas resaltan el porcentaje de indecisos para tener de antemano un pretexto que le sirva para justificarse, bajo el argumento de que ninguna podrá atinarle fielmente al resultado.

 

La incongruencia Verde Ecologista.

 

El oportunismo del Partido Verde Ecologista de México, además de irracional ahora se torna francamente ridículo, promueven con gran determinación que se cancelen las corridas de Toros, lo que de entrada significaría poner en peligro de extinción a esta especie, cuando en simultáneo exigen la pena de muerte a violadores y secuestradores.

Al menos tendrían que ser congruentes en sus posturas, porque lo único que logran es demostrar una vez más, que se mueven de acuerdo a conveniencias pasajeras y no a convicciones.

 

guillermovazquez991@msn.com

twitter@vazquezhandall





Etiquetas:   Elecciones   ·   Política   ·   Encuestas

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