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Caminos para la civilidad indignada


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14/04/2012


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Los Senadores chilenos se aumentaron en 2 millones de pesos sus asignaciones esta semana. ¿Qué caminos tiene la ciudadanía, más allá de la justa indignación?






Muchos argumentan que hechos como el escandaloso aumento de las asignaciones a los senadores en dos millones de pesos, aleja a la gente de la política, lo cual es una verdad, pero a medias, ya que ese repudio efectivo, si se queda en la apatía,  les regala los espacios de poder a los que monopolizan la representación popular, en circunstancias que debiera ser lo contrario; generar un acicate para que todos los apáticos se remezcan, reaccionando, ingresando a la arena política, como un aluvión de nueva savia que exija la transparencia e integridad, valores ausentes, decadencia que hoy han hecho perder toda legitimidad a los políticos, haciendo cada vez más débil el sistema democrático y la República. 





Y hay poderes de trastienda que profitan de esta permeable clase política y son los que en definitiva imponen sus reglas a favor de sus posiciones privilegiadas. ¿Cuáles son los caminos para desalojar ese estilo de hacer política que deja en crisis estructural a nuestra democracia representativa?





La Transparencia, el test de la blancura, el entender que los funcionarios públicos y las autoridades se mueven en el marco de principios de legalidad, son elementos básicos de una República. La independencia de poderes no quiere decir que jueces o parlamentarios hagan lo que les dé la gana; que al igual que el Ejecutivo, el Gobierno, el Congreso debe rendir cuentas a la ciudadanía, que no basta el marketing político, las vocerías distractivas ni la mala memoria de ciudadanos mal informados o desinformados.





Lo que deben cuidar los honorables es entender de verdad que un sitial parlamentario, Diputados y Senadores, responde al pueblo que eligió, que no pueden quedar blindados en un bunker inexpugnable, generándose privilegios que la ley no otorga. Las incompatibilidades cuando votan cuestiones en los que tienen intereses, no saber quien les pagó las campañas millonarias, no saber donde trabaja la parentela, no saber quienes les visitan en sus oficinas del Congreso, no tener acceso a un reporte de sus posiciones al votar proyectos de ley, son aspectos que tienen que ver con la calidad de la gestión parlamentaria.





El hecho que a través del instrumento partidario esas personas controlen cuotas de poder y más encima que puedan mantener esas máquinas políticas al interior de los partidos con los fondos públicos que se autogeneran, es una situación fáctica que concentra el poder siempre en los mismos, al nivel que quienes quieren entrar como independientes a una contienda comunal, para el simple  cargo de Alcalde, deben hacerlo al alero de una tienda política, aunque ello les signifique vender el alma al diablo.





A más de indignarnos, hay que entender que los honorables parlamentarios tienen la cara dura y la sangre de horchata, lo que les permite pasar el chaparrón del repudio, de los caceroleos, de la baja de popularidad, para aguantar hasta que otra noticia tape el escándalo y ellos sigan muy frescos organizando su caja electoral con 2 palos más que les cayeron del cielo.





Por lo mismo, la respuesta ciudadana debe ser orgánica, debe ser persistente. Aprender de los magallánicos y los ayseninos; recordar en la historia aquella revolución de 1859  cuando Atacama luchó una guerra civil por mayor autonomía. La Fronda Aristocrática de Chile, de Alberto Edwards (1874-1932) ha evolucionado pero sigue imperando. Los caminos de la civilidad no pueden ser sólo reactivos, no deben dar pie a desmanes contra cosas que pueden ser símbolo de abusos de poder.





Es necesario desalojarlos de sus sillones con la fuerza cívica del sufragio, jugando las reglas del juego impuestas, tal como se planteó la estrategia de los ochenta para desbancar a un dictador. Esto significa que las huestes  deben pasar a ser federativas, que debe apoyarse la creación de nuevos partidos políticos, que nuevos nombres ingresen a la arena política, que las redes, aún casi gratuitas, puedan ser el canal organizativo de campañas que potencien nuevos frentes populares de acción cívica, grandes movimientos que establezcan como mínimo común denominador la exigencia de Honestidad, de compromiso con los principios republicanos básicos, comprometidos en el combate a la corrupción, en el necesario cambio de los principios constitucionales que impiden modernizar y recomponer la función pública para que el bien común quede jerarquizado por encima de la propiedad privada y el lucro personal; una Constitución que devuelva a la República su impronta pluralista, con un sistema política proporcional representativo en donde nadie corra con ventajas ilegítimas y donde para hacer gobierno, deban desmantelarse dogmatismos o clichés consignistas, para crear acuerdos sobre cuestiones básicas.





Restar poder a la oligarquía financiera, a los imperios corporativos que han corrompido instituciones para imponer sus intereses, fijar el cuidado ambiental como un parámetro en la toma de decisiones; hacer inversiones públicas que lleven la delantera para que los privados sumen sus energías con criterios de desarrollo humano de largo plazo, en fin son lineamientos para un movimiento social integrativo, inteligente, donde los líderes sociales, donde los economistas y administradores públicos, los médicos sin fines de lucro, en definitiva la gente de bien de Chile pueda sentirse representada. 





Quizás sea levantar desde las vísceras apretadas de la indignación nuevos proyectos sociales, pluralistas, transversales, sin frescos pragmáticos que se suban al carro para ganar lo no trabajado, sin destructivos que sólo quieran buscar desahogo generando el desorden. Un proyecto chileno a escala humana, siguiendo los tiempos que también vive Europa , en orden a repudiar la demagogia, el populismo y las medidas que traspasan a la clase media el costo del despilfarro o las prácticas corruptas.

Quizá el cambio de era que anunciaban los mayas a partir del 2012. Un cambio moral para echar fuera a los inmorales.





Una mirada libre a nuestro entorno

Publicado por Periodismo Independiente, Tribuna ciudadana en 12:12



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1 comentario  Deja tu comentario


María Angélica Rivera Baeza, Enfermería Interesante visión de nuestra actual política, tan desprestigiada por culpa de la mayoría de los señores diputados y senadores, pero aún se encuentran pares honestos y realmente preocupados del bienestar de Chile y no solo de ellos. A estos servidores de verdad se les pedíría que desenmascarán públicamente a sus colegas y exigirles cara al país reconozcan sus culpas, ya tenemos un caso del senador Lagos W. que insinuó lo equivocado de la medida del aumento de los senadores en dos millones a sus dietas, y fué atacado desde todos lo sectores, partiéndo por el Presidente de la Cámara Alta el senador Escalona, es decir tienen una cara dura increible. Confiemos que reviertan la medida y muchas otras políticas erradas en su actuar, a la espera de que gente nueva se integre (si es que se lo permiten)en las próximas elecciones de parlamentarios (municipales ya está todo arreglado).




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