Sor Juana y los Empeños de una casa

 

.  Aparece casi como un milagro en la segunda mitad del siglo XVII  en la nación de un continente que había apenas empezado a incorporarse a la cultura europea”.

 

Esta obra se presentó por primera vez en 1683 en la casa del Contador Fernando Deza, cuando recibió a los Virreyes.  Condes de Paredes.  En el cuadro primero de la Primera Jornada, Ana, hermana de don Pedro, le dice a su criada.  Celia.  “Hasta que mi hermano venga, Celia, le hemos de esperar”…  La criada responde:  “Pues eso será velar… porque él juzga que es temprano la una o las dos… y a mi ver, aunque es grande ociosidad, viene a decir la verdad, pues viene al amanecer”… más, porque ahora te dió esa gana de esperar, si te entras siempre a acostar y sola lo espero yo?”…   “Has de saber de Celia mía, que aquesta noche ha fiado en mi todo su cuidado.  Tanto de mi afecto fía”.  Y explica que su hermano, don Pedro, está perdidamente enamorado de una dama, doña Leonor, “de perfecciones tan sumas, que dicen que faltan plumas para alabarla a la fama”, de la cual enamorado, pero no correspondido, por conseguirla, perdido, en otra ciudad ha estado”.

 

Después le dice que ella también tiene una serie de inquietudes porque siendo novia de don Juan, con quien ha intimado ya por algún tiempo, “pero no es aquesa sola, la causa de mis despego, sino porque ya otro fuego, en mi pecho se acrisola.  Suelo ver en esta calle pasar un galán mancebo, que si no es el mismo Febo, yo no sé quien puede ser”.  Le dice que se trata de don Carlos de Olmedo, de quien ella se ha enamorado aunque él no se ha enterado siquiera y que presiente que igual que lo que le ocurre a don Pedro con doña Leonor:  “hallando que es otro amor, aunque yo no sé de quién, sintiendo más que el desdén, que otra gozase el favor.  Y como este fiero engaño es envidioso veneno, se siente el provecho ajeno, mucho más que el propio daño.”

 

Termina de explicarle a Celia que don Pedro se halla en una ciudad vecina preparando una complicada trama para apoderarse de la desdeñosa muchacha.  El joven raptor no tiene más remedio que echar mano a la espada y hundirla en el pecho de Diego que rueda mal herido.  Don Pedro y dos de sus compinches se hacen cargo del herido al que llevan a su casa.  Otros dos de los tipejos llevan a doña Leonor a casa de doña Ana.  El joven y su criado Castaño, creyendo haber  dado muerte a Diego, huyen también.

 

Doña Ana no da crédito a sus ojos, pero ante la llegada inminente de su hermano don Pedro los esconde en otro de los cuartos.  Celia tenía oculto en su cuarto a don Juan, y cuando supone que su patrona doña Ana va a enterarse de su presencia, apaga todas las luces, y en la oscuridad se hace un embrollo terrible.  Por fin llega don Pedro y habla con Leonor a quien ofrece toda clase de protecciones y le reitera su amor.  Ella como siempre lo desdeña.

 

Don Rodrigo, padre de doña Leonor hace su aparición enterado de que ahí está su hija y suponiendo que don Pedro fue quien la raptó, le exige que repare su falta casándose con ella. Asiente don Pedro pero la criada Celia vuelve a producir un nuevo apagón, no obstante el cual, don Pedro se percata de la presencia de don Carlos y don Juan, porque estos empiezan a hacer sonar sus espadas.  Al hacerse la luz, todos reparan sus errores:  don Carlos se casa con Leonor, doña Ana rectifica y se casa con don Juan,  Castaño con la criada Celia y don Pedro Arellano termina diciendo:  “Estoy que ni a hablar acierto, más disimular importa, que ya no tiene remedio el caso y doy por bien empleada la burla porque se case mi hermana con don Juan”.

 

No dudes en leerlo, te platico que fue una escritora mexicana, la cual llego a ser una de las mayores figuras de las letras hispanoamericanas del siglo XVII.  Esta obra se representó por primera vez el 4 de octubre de 1683.

UNETE



Compartir
Tu nombre:

E-mail amigo:
Enviar
PDF

  • linkedin facebook twitter
  • ©reeditor.com
  • Todos los derechos reservados
  • Avisos Legales