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Érase una vez la Democracia


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12/04/2012


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Érase una vez un país democrático. Sus ciudadanos, que elegían "libremente" a sus representantes cada cuatro años, pensaban que vivían en un lugar donde las dictaduras y el dolor no tenían cabida. Democracia y dictadura parecían ser antagonistas. Como Dios y el demonio según los creyentes. O como Barça y Madrid o Madrid y Barça, según otro tipo de creyentes también del mismo país.





Sin embargo, aquél país tan democrático, donde años atrás imperaba el mito de que el progreso era constante y la estabilidad tan sólo una cuestión de voluntad ciudadana, empezó a desmoronarse. Ningún ejército invadió el Parlamento ni el territorio. Tampoco se trataba de unos violentos terroristas, que hacían caer torres gemelas y se suponía que instauraban el terror global. Ni tan siquiera se trataba de un dictador, que tomaba el poder por su cuenta. No. La propia democracia, aquella inmutable en la que se había depositado el antiguo poder absolutista que antaño manejaban reyes y religiones, se estaba transformando. Era como si Dios se vistiera de demonio, o como si Barça y Madrid fueran la cara (o la cruz) de una misma moneda. La democracia ya no era democracia. Pero se hacía llamar igual. El poder de la libertad de elección ya no lo tenían sus ciudadanos. Sí, sobre el papel podían seguir votando. Pero tan sólo elegían unas caras o unos colores ideológicos. 





En la democracia que se había desquitado de la piel de corderito los representantes políticos legislaban y decidían al margen del pueblo. Lo hacían por su bien, decían, "recortando", perdón, recordando al pueblo que el camino de la austeridad económica y el sometimiento máximo al orden y a la ley era ahora lo que más importaba.





Esta nueva dictadura democrática, "tecnocracia" o "deudocracia", según guste más, en lugar de representar y defender a sus ciudadanos les quitaba, con prisa y sin pausa, aquello que había costado años de conseguir. Mientras tanto,los representantes o partidos políticos que antes intentaban cumplir lo que prometían, ahora se esforzaban en prometer lo que al final no cumplirían. E iban "promulgando" (imponiendo) nuevas leyes para evitar la agitación social, que ahora se calificaba como "guerrillas organizadas" o "terrorismo callejero". Ya lo saben: terroristas también son todos aquellos que cuestionan o denuncian las irregularidades de un sistema que se tambalea. Con el tiempo, a medida que la situación económica y el contexto internacional empeoraban, la "dictacracia" se volvía más agresiva, haciendo y deshaciendo sin contar con el pueblo, tan sólo procurando asegurar su propia supervivencia. Eso sí: siempre decía que lo hacía por el bien del pueblo, por el bien de la supervivencia. Momentos estos en los que imperaba la ley del más fuerte, no la protección del más débil. 





¿Qué ocurrió al final con ese país, antes democrático? Nadie lo sabe a "ciencia" cierta, pues ni en la ciencia se confiaba. Sin embargo, se "especula" (como gustaba hacer en ese país) que era difícil que una situación así aguantara mucho tiempo. Cuando unos padres se olvidan del cuidado de sus hijos, ¿no deben perder éstos su custodia? Se dice, se rumorea que, al final, unos padres ficticios y tecnócratas tomaron el mando del país. Otros cuentan que, en realidad, fueron los hijos desamparados por sus padres políticos los que se rebelaron y tomaron de nuevo el control. En cualquier caso, lo que quedó claro es que la Democracia no era inocente ni buena por naturaleza. La Democracia "era", porque detrás había personas y relaciones sociales. Y cuando éstas se pervirtieron, la Democracia lo hizo también, arrastrando todo lo que había conseguido hasta entonces. Como un castillo de naipes.    

 

Colorín, colorado, este cuento será recortado.  





Etiquetas:   Terrorismo   ·   Democracia   ·   Ciencias   ·   Gobierno   ·   Tecnocracia

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Miguel María González, Escritor Esto es debido a la irresponsabilidad del ciudadano. En todo caso no existe otro tipo de gobierno, fuera de la democracia, que sea potable y tenga que ver con la libertad. Se critica a la democracia corrupta que es en realidad obra del ciudadano y no se avizoran soluciones




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