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'El estado de bienestar' y la demagogia


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12/04/2012

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Alguien pronuncia una frase sonora y ¿qué pasa?, pues que todos la hacen suya y la cacarean hasta aburrir. Me estoy refiriendo a esa frase tan amable del “estado de bienestar”. Desde hace tiempo a determinados actores del mundo de la política se les llena la boca y las ideas con eso del bienestar. Además se hace con retintín demagógico. Escuchando algunos discursos de escaso recorrido se podría pensar que aquí, en España, eso del “estado de bienestar” es un privilegio que los ciudadanos hemos comenzado a disfrutar hace tan solo un puñado de años. O sea, que los últimos y doctos gobernantes nos han conseguido gratuitos y maravillosos sistemas sanitarios y educativos.





Con el anuncio del nuevo Gobierno de intentar ‘ahorrar’ en sanidad y en educación, 10.000 millones de euros, el retintín ha vuelto a subir de tono. Lo de ‘ahorrar’ es cosa mía, y lo digo así porque así entiendo que es el fin a conseguir. Lo que pasa es que, de nuevo, los problemas de comunicación del equipo del señor Rajoy han vuelto a ser herramientas propicias utilizadas por la oposición para el enredo, el despiste y la manipulación.

 Los que acechan apostados en el acoso han salido como obuses. Se lo han servido en bandeja de plata. Decía la secretaria de Política Social del PSOE, Trinidad Jiménez, que no va a permitir que se “desmantele el estado de bienestar”. También el señor Rubalcaba y la señora Valenciano insistían en eso de "las líneas rojas no vamos a consentir que se traspasen”. Estos gorigoris están bien, pero son groseros e imprudentes. Este coro progre que lagrimea por el estado de bienestar, son precisamente los responsables de la delicada situación de viabilidad económica que tiene ahora la sanidad y la educación en España. Dejaron las arcas con telarañas.





Bautizar con eso del ‘bienestar’ el sistema sanitario y educativo que tenemos y pagamos todos los españoles, es exagerado. Desde que conozco y utilizo nuestro sistema sanitario, hace ya algunas décadas, las personas con problemas de salud, en su gran mayoría, se ven obligadas a soportar días, semanas y meses, incluso años, para recibir el tratamiento adecuado. Las apretadas listas de espera así lo suelen imponer. En ocasiones, desesperados, tenemos que recurrir a la sanidad privada. Si a esto le llamamos “estado de bienestar”, existe escaso recorrido hacia el “estado de malestar”. Soy de los convencidos de que si los recursos sanitarios se administran con más rigor, mejores criterios y, especialmente, con menos chiringuitos gerenciales, la atención al enfermo mejoraría con menor costo.





Con la educación pasa algo similar. Ni colegios ni alumnos son novedad. Hace cincuenta años, y más, había más centros que ahora. No existían concentraciones. Cada pueblo, aldea o lugar tenía su escuela y su maestro o maestra. Las aulas de los centros solían acoger a cincuenta alumnos. Entonces la espalda de los niños no se resentía por el peso de la mochila con el material escolar. Los cuadernos iban acompañados, generalmente, de un solo libro, la enciclopedia ‘A. Álvarez’. En estas enciclopedias los alumnos aprendían, de forma sencilla y eficaz, todas las materias para una buena formación. Cuando un alumno, antes de acceder al ‘ingreso’ del bachiller, finalizaba la enseñanza básica, salía de la escuela dominando operaciones matemáticas de álgebra, quebrados, ecuaciones, y hasta problemas de trigonometría. También entonces se formaban buenos ingenieros, físicos, médicos, jueces, abogados, profesores, maestros, profesionales y hasta ‘Premios Nobel’.

 Hoy por el contrario, con más recursos, comodidades, instalaciones de lujo, modernas tecnologías, y menos alumnos por aula, los resultados de eficacia y de aprovechamiento no son, ni con mucho, los deseados. Según el informe PISA estamos muy por debajo de la media de la OCDE.

 

Si llamar a esto “estado del bienestar” nos consuela, pues mucha resignación y ya saben, a no traspasar las líneas rojas.





 









Etiquetas:   Política   ·   Estado del Bienestar

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