Hagamos deporte sin excusas

 

. Odio las agujetas. Me da pereza. Tengo demasiadas cosas que hacer. Ahora no saco tiempo de ningún sitio. El gym está lejos de casa. Tengo miedo de que me vean así de gord@ en el gym... Expresiones que seguro hemos pronunciado muchos de nosotros en alguna ocasión para justificarnos por no hacer ejercicio. Es normal, pero es mejor no acostumbrar al cuerpo a este tipo de excusas.

Que el hacer deporte asegure una mejor vejez no es para nada un tópico. Sin embargo, a veces cuesta encontrar actividades que nos gusten y sobre todo, lo que es más difícil en estos momentos, tener el tiempo suficiente para practicarlo.

Hace 15 días leía un caso en el que una mujer dejaba su bolsa de deporte meticulosamente preparada en el recibidor de su casa para cuando volviese de trabajar acudir al gimnasio. Pues bien, resultó que en seis meses la bolsa no se movió del sitio. El marido le pedía de rodillas que se diera de baja del gimnasio porque era un derroche enorme pero ella le contestaba diciendo que mañana sí iría. La misión de esa bolsa era la de recordar a la chica lo que debía hacer y no hacía. ¿Os suena esta historia? Seguro que ha más de uno le ha pasado.

En esto de la práctica deportiva podríamos hablar de dos grupos: los que lo practican y los que se sienten culpables por no practicarlo. Y es que no somos tontos, es algo normal. Nos sentimos culpables cuando no hacemos lo que sabemos que deberíamos hacer y mucho más aún cuando a diario nos bombardean con estímulos de todo tipo para que 'movamos el body'.

Está claro que es beneficioso para nuestra salud y para combatir las consecuencias de pasar horas sentados delante de un ordenador, pero ¿de dónde sacamos el tiempo?

Sinceramente eso depende de cada uno y de las prioridades que establezca para su vida. Pero eso es sólo un factor, el otro tema sería escoger una actividad deportiva o ejercicio que nos guste, que no nos provoque un sufrimiento (siendo conscientes que si no se ha movido el esqueleto en mucho tiempo tocará sufrir un poco más, eso sí, para beneficio propio).

Hay una reflexión que a muchos nos ha hecho ver la luz: Imaginémonos que de aquí a diez años no hacemos nada de ejercicio y seguimos luchando por los mismos objetivos que ahora nos parecen importantísimos. Quizá los logremos, con suerte, pero nuestro cuerpo estará en baja forma y nos encontraremos más torpes. Si nos visualizamos a nosotros mismos practicando ejercicio pero habiendo dejado de lado algunos temas que ahora vemos vitales, cabe la remotísima posibilidad de que no hayamos alcanzado algunas metas, pero nuestro cuerpo estará en buena forma y enérgico, afectando de manera positiva a nuestro estado emocional. ¿Con qué nos quedamos teniendo en cuenta que diez años pasan volando?

Hemos de concienciarnos de que nuestro cuerpo necesita moverse y que para ello debemos reestructurar nuestra agenda para dar al ejercicio una faceta primordial en nuestras vidas. Nos va a venir bien, está comprobado.

UNETE



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