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“El grupo socialista está
absolutamente dispuesto a echar una mano. Sabemos perfectamente lo que es
gestionar una crisis. Llevamos tres años de crisis y tres meses de caos”, ha
dicho Soraya Rodríguez, la ‘vocera’ socialista en el Congreso. Uno se lo
creería si no fuera por las barbaridades que hemos tenido que presenciar
durante el último “septenio negro” del socialismo a la española. No hay más que
echar un vistazo al tremendo elenco de subvenciones y entes subvencionados para
comprobar que esta Soraya, la socialista, sigue tan perdida, desconcertada,
desacreditada y desacertada como de costumbre.
Eso de estar dispuesta a echar
una mano a Mariano Rajoy no se lo cree ni ella. No puede soportar el socialismo
la forma en que el PP ha destapado todas sus arbitrariedades, barrabasadas y
nepotismo en nombre de una ideología obsoleta, tendenciosa, arcaica y
finiquitada. Es una evidencia que el socialismo del siglo XXI es una forma
rácana y aprovechada de disfrutar de los ahorros de los demás, gastar lo ajeno
y echar la culpa al maestro armero cuando ven vacía la hucha. Ahí tienen --por
si alguien no entiende la definición anterior-- el déficit de gestión del PSOE
en estos años pasados y cuyo ‘premio’ lo alcanzaron el 20-N con el peor
resultado parlamentario de su historia, apenas 110 diputados.
No vamos a entrar en cómo Soraya,
la ‘vocera’ socialista del Congreso, ha contribuido a hundir al socialismo de Valladolid,
con sus patrañas, sus mentiras, su maleta de incongruencias y sus dardos
envenenados contra sus contrincantes. Aún recuerdo cómo se pasó toda una
campaña electoral achacando a Herrera Campo que se marcharía a la política
nacional en cuanto pasaran las elecciones y lo mismo hizo con el ínclito
alcalde de Valladolid, Francisco Javier
León de la Riva. Curiosamente, aunque no sorprendente, fue ella quien se largó
en cuanto pudo, dejando descompuesto, airado, herido e indefinido al cuadro
socialista del consistorio vallisoletano. ¿Me preguntan por el destino que
aceptó? Pues marchó a Cooperación internacional. A vivir…. ¡Y cómo vivió! Mejor
no entrar ahí para no incurrir en responsabilidades de gravedad.
En lo único que ha tenido razón
Soraya, la ‘vocera’ socialista parlamentaria, es en la falta de voluntad de diálogo
de Mariano Rajoy y de todo su Gobierno. Cuando se hace un recorte brutal, como
el que estamos presenciando, hay que saber explicar al pueblo esas medidas. De
no hacerlo es cuando surgen las sospechas y el malestar generalizado. Al
Partido Popular le falta comunicación, porque no dispone de gabinetes de prensa
preparados ni modernos.
Estamos hartos de denunciar esa situación,
como denunciamos las improvisaciones de las que hace gala el PP, pero se siguen
refugiando en su poltrona. No desean que les molesten: no hay más que mirar a
Castilla y León para comprobar que, cuando algún funcionario denuncia
irregularidades del Gobierno regional, le amenazan con expedientes,
apercibimientos y demás zarandajas. Por eso se han convertido los asesores
políticos del Gobierno autonómico y de muchos de sus Servicios periféricos en auténticos
descerebrados y despreciados para la población.
Con la nueva medida de recortar
10.000 millones de euros entre Sanidad y Educación, no se entiende la torpeza
ni la cobardía de Mariano Rajoy. Esa medida es para ir corriendo al Congreso de
los Diputados a dar la cara y explicar el motivo o los motivos. Apenas tres
meses de Gobierno y el desgaste es mayúsculo.
Precisamente donde más hay que
recortar es donde menos se toca: órganos de la administración, asesores,
edificios, sindicatos, partidos, parlamentos,… Lo más grave de todo es que no
se han tocado las comunidades autónomas, verdadero nido de gastos, despilfarro,
disfunciones, duplicidades, ‘raterismo’ político, fundaciones inservibles,
coches oficiales para ir a tomar café y todo un sinfín de atropellos que se
denuncian día tras día en los medios de comunicación.