Osorio y el desarrollo endógeno



El gran responsable de esta trágica chapuza que algunos oficialistas llaman pomposamente “política económica bolivariana (peb)”, Jorge Giordani, no debe estar muy contento que digamos con su colega de gabinete y ministro de la Alimentación, Carlos Osorio.

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¿La razón? Pues que este funcionario acaba de achicharrar las pocas hilachas que le quedaban al cacareado principio del “desarrollo endógeno” o la supuesta columna capital de la peb, al declarar que “si tenemos que importarlo todo, lo haremos”…

 

El referido ministro se refería, desde luego, a la comida que alimenta a los venezolanos, gran parte de la cual, por cierto, se tiene que importar porque ya se dejó de producir en Venezuela, gracias, nada menos, que al “desarrollo endógeno” de Giordani y compañía.

 

Pero al menos el “jefe del gabinete económico” disimulaba un poco, y de tanto en tanto volvía a recordar que eso del endógeno desarrollo era una de sus querencias más atesoradas. Pues ya no podrá hacerlo más, porque el general Osorio le ha colocado la lapida mortuoria con la amenaza de que todo sea debidamente importado.

 

Y además se entiende que por el propio Estado, y en nombre de otra sonada estafa propagandística: la soberanía alimentaria… Y es que hay que ser bien caradura para seguir ondeando esa bandera, al tiempo que hasta el cafecito cotidiano de los venezolanos se está trayendo de las plantaciones nicaragüenses.

 

El ministro Osorio, así mismo, declaró esta otra perla: “las importaciones de alimentos o de materia prima, son exclusivamente para satisfacer las necesidades de la población, no para hacer negocio”…. Y bueno, habría que decir…depende…

 

Depende, por ejemplo, de que se esté refiriendo a Pedeval o Pudreval, porque por cada uno de los miles de contenedores de comida podrida, no es que haya uno sino numerosos negocios: el negocio del dólar preferencial, el de la compra de comida a punto de vencerse pero a precio fresco, el del transporte y alquiler de los contenedores por largos y largos plazos y, por supuesto, el de volver a repetir el procedimiento, o sea el negocio, porque la comida se volvió ñoña, y no precisamente por descuido.

 

Las razones por la cuales el Estado bolivarista se ha convertido en un principal importador de alimentos, no tienen nada que ver con el progreso económico y social de la nación, sino con su acelerado deterioro. Se importa mucho más porque se produce mucho menos, y la producción agropecuaria continuará cayendo por causa de las invasiones, confiscaciones, seudo-expropiaciones, hiper-regulaciones y depredaciones que caracterizan el proceder oficial.

 

Mientras tanto, los cafetaleros nicas, los caraoteros caribeños, los polleros brasileños o los ganaderos argentinos, están a punto de mandar a levantar una estatua al señor Chávez, por todo el gran esfuerzo realizado por el desarrollo endógeno de ellos y sus países. A lo mejor y hasta invitan al ministro Osorio para que la devele.






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