“El amor, aunque no sea eterno, puede
ser infinito cuando se ofrece a los demás”. A.G. Roemmers.
Les comparto en esta ocasión la reseña de
un bello libro que acabo de leer y que me ha dejado mucho como mamá y maestra
de adolescentes.
Autor: Alejandro Guillermo Roemmers, nació
en Buenos Aires Argentina en 1958. Comenzó a escribir desde niño y su poesía ha
sido objeto de numerosas publicaciones y distinciones. Tanto en Argentina
como en España, ha sido premiado con varios galardones literarios. Es
embajador de las Letras Argentinas. Su obra “El Regreso del Joven Príncipe”, ha
sido publicado en más de quince países y traducido a un número igual de
idiomas.
Para leer el Regreso del Joven Príncipe me
tuve que remontar a la lectura de El Principito. Volver a leer el texto de
Antoine de Sant- Exupéry y recordar la ternura y la pureza de corazón de ese
pequeño príncipe que viajó por varios asteroides hasta llegar a la tierra, me
conectó con este libro de Alejandro Guillermo Roemmers, quien logra rescatar
las lecciones de El Principito y nos invita a viajar por el camino de la
espiritualidad.
“No se ve más que con el corazón”,
es la frase que para mi resume esta primera parte literaria. Igual que
cuando lo leí por primera vez, el final de El Principito me dejó un
corazón triste pero lleno de esperanza: “Todas las estrellas ríen dulcemente.
Es como si escuchara quinientos millones de cascabeles”.
El pequeño principito regresó nuevamente,
pero ahora convertido en un adolescente. El narrador, co-protagonista de la
historia, encuentra al apuesto joven tirado y exhausto a la orilla de una
carretera de la Patagonia. Lo levanta y lo sube a su auto. El trayecto
deja de ser un camino de asfalto y se convierte en una ruta espiritual para el
lector. A lo largo del viaje, el joven príncipe le externa a su nuevo amigo
varias preguntas y reflexiones sobre asuntos que no debemos olvidar
nunca: El amor, la fraternidad, la educación, los valores, el perdón, la
comprensión y la alegría.
Son ese tipo de cuestionamientos que nos
hacen los chicos cotidianamente y que cuyas respuestas ya conocemos de
antemano, pero que difícilmente las reflexionamos o las ponemos en práctica. El
final del encuentro y una vez que se hubieron despedido, el narrador
descubre que si bien él ya conocía las respuestas, fue el joven príncipe quien
lo guió con sus preguntas.
El pequeño príncipe de complexión frágil y
de tierna figura que nos regaló Saint Exupéry, es ahora un joven
alto, delgado con cabellos largos y dorados a quien Roemmers le da vida en esta
sencilla y poética historia. El príncipe cambió su aspecto y su voz, no así su
inocencia, su curiosidad y su amor a la vida. Se sorprende con la violencia, la
injusticia, la incomprensión y el egoísmo de los habitantes de la tierra, pero
conserva las lecciones más importantes de la vida que giran en torno al amor.
Es una historia amena, profunda e
interesante que no pierde su sencillez en el estilo poético y en el
lenguaje. El viaje por la carretera de la Patagonia, la conversación entre dos
desconocidos- el narrador y el príncipe- las preguntas y reflexiones del joven
y las lecciones y enseñanza de vida del narrador, le abonan a mi
crecimiento personal y espiritual. Si El Principito me dejó maravillada cuando
era niña, El Regreso del Joven Príncipe, que esta vez llegó para quedarse, me
brinda una ruta de ternura y comprensión para mis jóvenes alumnos y para mis
hijos, en quienes puedo ver no solamente a ese adolescente preguntón e
inquieto, sino a alguien que me enseña a ser una persona plena e íntegra.