De la veda electoral a la pobreza de las propuestas
Confesiones.
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Los tres acontecimientos que marcaron el inicio de las campañas políticas
hacia la Presidencia de la República y la renovación de las cámaras de
Senadores y Diputados, cada uno por separado, sirven para establecer los
errores de cálculo, la falta de atención y responsabilidad, pero sobre todo la
pobreza de propuestas de los Partidos Políticos y sus candidatos, en la medida
que le corresponde a cada uno.
La primera circunstancia consiste en el hecho de que la veda electoral
concluye precisamente en coincidencia con el inicio de la semana santa, de tal
suerte que los esfuerzos del proselitismo se perderán en la intención, porque
el publico receptor estará más concentrado en aprovechar su periodo de asueto
que en los mensajes de los diversos candidatos, si ya de por si la veda había
fomentado una gran distracción en ese sentido, las vacaciones no harán más que
aumentarla.
Un gran desperdicio si se considera que quince de los noventa días que
constituyen el periodo de las campañas, transcurrirán en el intervalo de estas
festividades, por lo que el efecto de la promoción no tendrá el impacto
necesario en contraste al gasto y al esfuerzo que se despliegan.
El segundo aspecto corresponde al concepto que engloba los argumentos
expuestos al principio, error de cálculo, desatención e irresponsabilidad, en
el armado de las listas de candidatos a cargos de elección popular, bajo la
premisa de que por ley se instituye que el cuarenta por ciento de las
postulaciones de cada partido político o coalición, debieron estar integradas
por mujeres.
Con excepción del PANAL, todos los partidos y sus coaliciones ignoraron
esta obligación, que por consecuencia los ponía en una situación de un
incumplimiento que incluso pudo derivar en sanciones tan graves como la nulidad
de su registro.
Al final de cuentas y mediante los fallos del Tribunal Federal Electoral y
el Instituto Federal Electoral, a última hora las tres principales fuerzas
políticas, el Partido Acción Nacional, la coalición del Revolucionario
Institucional y el Verde Ecologista y la del Partido de la Revolución
Democrática, el del Trabajo y el Movimiento Ciudadano, tuvieron que cambiar
esas listas, para sustituir hombres por mujeres de forma que la cuenta
correspondiera al porcentaje que la normatividad marca como obligatorio en
función de la cuota de género.
Ahora bien vale pena recordar que este precepto de ley obedece a una
reforma propuesta y votada por los mismos partidos políticos y que los fallos
del Tribunal Electoral y el IFE, datan desde noviembre del año pasado, por lo
que el cambio de nombres de última hora, no puede ser más que el producto de la
desorganización y la irresponsabilidad.
Evidentemente la realización forzada de cambios de candidatos contra el
tiempo, habla mal de las fuerzas políticas y sus dirigentes, los problemas que
esto les causo, son solamente culpa de ellos mismos, sin embargo y a pesar de
que lo resolvieron de último minuto, el mensaje que la sociedad percibe no les
favorece en absoluto, deja ver falta de conocimiento, de organización, pero
sobre todo de seriedad.
Finalmente la tercera de estas circunstancias proviene de un elemento
externo, nos referimos al desplegado firmado por diversas personalidades de los
más variados ámbitos y corrientes de opinión, encabezado por el intelectual
quintanarroense Héctor Aguilar Camín, difundido en gran cantidad de medios de
comunicación, en donde se plantean una serie de preguntas, que ellos les llaman
para transformar a México, dirigidas a los candidatos a la presidencia de la
república.
Mas allá del contenido e intención de las mismas, las preguntas que según
los que las elaboraron, están diseñadas para evitar respuestas ambiguas,
pretenden establecer un contraste en la forma de pensar de cada uno de los
aspirantes presidenciales, que permita a la sociedad tener referencias directas
en relación a los temas que se abordan y a partir de ello poder señalar
diferencias.
En este caso, todo ejercicio que provenga de la sociedad organizada deberá
ser tomado en cuenta, aun y cuando resulte parcial, sin embargo hay que
reconocer que fue la difusión que logro el documento lo que obligo a los
candidatos a comprometerse a dar las respuestas correspondientes.
Esta circunstancia nos remite a que la pobreza de las propuestas de los
candidatos, obliga a que los grupos de la sociedad tengan que adoptar el papel
de interlocutores, cuando tendrían que ser ellos mismos quienes de origen
establecieran los canales de diálogo con el elector, al menos para plantear su
correspondiente plan de acción.
Habrá quienes puedan criticar este ejercicio, incluso mencionar que forma
parte de un plan estratégico para favorecer expresamente a algún candidato en
particular, que las preguntas no engloban todos los aspectos de la agenda
social o que se trata de un intento de protagonismo de sus autores.
Como sea, lo que queda de manifiesto es que la estructura de las campañas
está diseñada para la búsqueda del voto a través de mecanismos orientados al
clientelismo, no al convencimiento que se deriva del análisis serio de las
propuestas especificas.
Lo que se ve, es que las coordinaciones de las estructuras tienden a
favorecer aspectos promocionales, basados en el marketing, una masificación del
mensaje intrascendente que no compromete nada, lugares y frases comunes que
buscan evitar riesgos y criticas, pero que al alejarse del debate solo atinan a
incrementar el desinterés y el hastió colectivo.
No cabe duda de que si el porcentaje que mas aumenta en las encuestas en
cada medición es el de los indecisos, es precisamente porque los propios
partidos y sus candidatos son los que no quieren o no pueden lograr, que la sociedad
se involucre en la dinámica de las campañas.
Naturalmente la publicidad que logro la presentación de este desplegado y
sus preguntas, en alguna medida por la importancia y relevancia de algunos de
los personajes que lo firman, transformo el inicio formal del proceso electoral
en su etapa más competitiva y definitoria, porque a pesar de la intención de
los candidatos, esto los compromete a contestar, con lo que eso conlleva en
materia de involucrarse en los temas ahí planteados, entendiendo que sus argumentos
serán la base del análisis al que estarán expuestos y que eso puede pesar más
que los eventos masivos o la propaganda.
Porque al final de cuentas lo que puede terminar por definir las cosas, es
precisamente el conocimiento de las posturas personales en relación a los temas
que más importan a los mexicanos, si bien es cierto que existe una conciencia
de que las promesas de campaña no se cumplen del todo, hoy el verdadero interés
de los grupos sociales, está en conocer los planteamientos que habrán de
afectar su desempeño, comparar para decidir por quién votar.
Bajo este concepto no se puede descartar que surjan otras expresiones de
este tipo y que estas además se inclinen a abordar situaciones más especificas,
si así fuera al menos los candidatos tendrían que reorganizar sus campañas para
atender este reclamo y dar respuestas a esos cuestionamientos, lo que sin duda
significaría una competencia mucho más interesante, orientada al beneficio del
debate que contrasta, a cambio de la guerra de propaganda intrascendente que
inunda el escenario.
Realmente noventa días de campaña pueden parecer pocos si se trata de que
un candidato visite todo el país, para cumplir el formato tradicional de la
celebración festiva de eventos masivos, pero por otro lado tendrían que ser
suficientes para conocer lo que cada uno propone y cómo piensa llevarlo a cabo,
esa es la diferencia y la disyuntiva.
guillermovazquez991@msn.com
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