Rubalcaba y el hipódromo de infamias


. No contento con la victoria de Alfredo Pérez Rubalcaba en los dos primeros símiles equinos, el director de El Mundo está dispuesto a hacer, en connivencia con el Partido Popular, lo que esté en su mano para que Rubalcaba no sea, en primera instancia, el candidato del PSOE y, en última instancia, presidente del Gobierno. Debe ser mucho el miedo que le tienen al cántabro, porque el PP, sucumbiendo como en la legislatura pasada a las argucias de Pedro José, está cargando las armas políticas con la basura de la que se alimentan los asesinos de ETA. Sabe perfectamente que introducir a ETA en el debate político sólo favorece a los terroristas, pero todo vale con tal de llegar a La Moncloa. El cinismo practicado por Ramírez y por el PP es tal que, si bien hasta la semana pasada, y con motivo de la presentación de los estatutos de Sortu, todo lo que procediera del entorno de ETA y Basatuna debía ser revestido de la implacable capa de mentira, trampa y engaño, y todos aquéllos que acertaban siquiera a dudar de la posibilidad de legalizar a la izquierda abertzale eran excomulgados y privados de su carné de demócratas, en cambio, la posibilidad de utilizar las actas de los terroristas durante la negociación con el Gobierno para derribar y destruir políticamente a Rubalcaba concede a estos documentos (por cierto, aún no mostrados por el diario de Pedro José) carta de naturaleza absolutamente veraz y confiable.Pero hay más. El pasado domingo, el propio Ramírez Codina anunciaba a bombo y platillo vía Twitter que retrasaban la edición del diario hasta las tres de la madrugada por motivos editoriales (más bien, pensamos algunos, para que su malograda plataforma Orbyt adquiera algunos consumidores más). ¿Y qué nos encontramos? En primer lugar, la ausencia del acta, cómo no, el nombre de Rubalcaba destacado entre los diversos titulares, y también cómo no, una invitación al Partido Popular para que solicite cuanto antes la dimisión del ministro del Interior y vicepresidente primero del Gobierno. Pero claro, como siempre hubo periódicos serios y papelillos, ha tenido que ser el diario El País el que saque a la luz el informe de la Guardia Civil que analiza las actas incautadas al asesino terrorista Thierry. Al leerlas, uno deduce fácilmente que el lamentable scoop de Pedro José es una burda manipulación, en la que se introduce el nombre de Rubalcaba con calzador, en el que se omiten otros asuntos tratados en la misma reunión que impedirían montar la visión sesgada de las actas como la confirmación del chivatazo. Es más, del análisis sosegado del informe se deduce que, según la visión de ETA (a la que hay conceder la credibilidad que se merece), el Gobierno no llevó a cabo prácticamente ninguna de las medidas negociadoras que se pusieron encima de la mesa (si es que de verdad prometieron llevarlas a cabo): ni acercó presos, ni derogó la doctrina Parot, ni dejó de detener etarras (57 durante la tregua más 16 miembros de Segi), entre otras cosas porque no se fiaba de los terroristas y porque no querían que volviese a ocurrir lo que sucedió durante la tregua de Aznar, esto es, que la banda terrorista se rearmara. Está a la vista de todos que después del proceso de paz, y en parte gracias al propio proceso de negociación, los etarras han llegado a un callejón sin salida del que sólo podrán salir vivos si entregan las armas. El Partido Popular debería valorar si una estrategia electoral, marcada por el diario El Mundo, es lo suficientemente importante como para hacer saltar por los aires el consenso democrático que destruye, día a día, a los asesinos de tantos españoles.





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