Guerra de Malvinas, clase 64
Guerra de Malvinas, clase 64
. Es el hombre que me dió un hijo maravilloso . Estaba incorporado a prefectura aquel 2 de abril de 1982. Su destino fue puerto argentino. Participó de una u otra manera en aquel conflicto bélico, con apenas 18 ó 19 años hasta la rendición de las Fuerzas Armadas lideradas por el Gobierno de facto de Leopoldo Galtieri que lejos estuvo de marcar el final del combate.Mi combate comenzó, cuando volvió a Concepción del Uruguay no era el mismo. Al principio de su vuelta volvía a nuestra ciudad natal una vez al mes, siguió en prefectura luego de la guerra, su vuelta luego fue espaciando. Su pensar no era el mismo, estaba lleno de traumas.Quedé embarazada, y él desapareció. Es como si la guerra no le permitió hacerse de responsabilidades. Yo me aferré a la Fe como siempre. Colaboraba en una pequeña Capilla San José, de la obra de Don Bosco de la ciudad y así pasó el tiempo. Conocí a quien es hoy mi marido y me vine a vivir a Campana con quien tuve un hijo hermoso y otro del corazón.En aquel 1982 estaba cursando el profesorado, semanas no tuvimos clases porque justamente soy clase 64 y muchos compañeros habían dejado la realización del servicio militar para cuando terminaran la secundaria y se encontraban algunos en la frontera, otros combatiendo y otros en puerto argentino.Fui de las que solidariamente cooperé con la mayor colecta de oro en la historia argentina para reforzar el armamento para proteger a los soldados del hambre y del frío.Con los años descubrí que estos fondos fueron transferidos a cuentas de las Fuerzas Armadas. El oro se fundió y se subastó. Las bufandas, las cartas, los chocolates terminaron en la basura.Los alimentos que donaron se prepararon medio millón de raciones, pero no llegaron a las trincheras. Fueron llevados en containers cerrados y custodiados hasta Comodoro Rivadavia, pero quedaron varados al costado de la pista de aterrizaje. No cruzaron a las islas porque ni los barcos de la Armada ni los aviones de la Fuerza Aérea los transportaron. Se dilapidó el esfuerzo de 35 mil voluntarios que trabajaron durante 9 días, sin descanso, para embalar la mercadería. Allí estaba yo. Siempre fui solidaria y colaboradora.La guerra dejó como saldo 649 muertos argentinos, pero de regreso al continente más de 1.500 veteranos incluidos en el sistema de pensiones del Estado fallecieron, muchos debido a enfermedades o porque se quitaron la vida.La guerra a mí me marcó. Seguí caminando sola junto a mi hijo. Terminé la carrera, agradecida a mis padres. Agradecida a Miguel, mi marido que conociendo toda mi historia de dolor, él viudo, me empujó que siga estudiando, a mí me gusta aprender, soy curiosa, él es un gran compañero y el amor de mi vida. Adoptó a mi hijo como suyo, y hoy me acompaña en cada proyecto o cada meta que me propongo. La guerra es palabra callada en casa porque hay dolor. 30 años de dolor.
Beatriz Martinez de ValerioEscritora por la Paz