En defensa de la democracia



La democracia en la Unión Europea y el Estado del Bienestar no se pueden entender al margen de las condiciones históricas en las que nacieron, en las cuales fueron determinantes los conflictos de clase entre capitalistas y trabajadores.

.
La caída del Muro de Berlín y el hundimiento del imperio soviético a finales de los 80 tuvieron como consecuencia, entre otras, una ruptura del equilibrio en el que se fundamentaba la paz social en los países capitalistas del occidente europeo.

Treinta años después parece que asistimos a algo parecido a una “solución final”, en la que el Capital financiero amenaza con echar definitivamente abajo todo aquello que no sea funcional a su lógica reproductiva.

Desde la política, las respuestas de los partidos de la Derecha parecen claras: aceptar la nueva disciplina, sacrificando lo que sea necesario para obtener la “confianza” de los mercados financieros y, como consecuencia de ello, atraer el crédito y las inversiones.

La Izquierda por su parte, amaga con responder desde la misma lógica (presión+negociación) con que décadas atrás pudo pactar con el Capital la instauración de un orden social redistributivo y garantista que protegía a los trabajadores en el marco de una economía de mercado regulada por los poderes públicos.

La mala noticia para la Derecha es que la cruel voracidad del Capital financiero puede dar al traste con su legitimidad política. La mala noticia para la Izquierda es que carece de fuerza suficiente como para imponer al Capital otro orden distinto, al menos no podrá hacerlo en muchos años.

Por mucho voluntarismo que tengan algunos internautas fascinados por la capacidad movilizadora de Internet, lo cierto es que el poder coactivo del Capital y de las mediaciones a través de los que canaliza ese poder (instituciones supranacionales, aparatos del Estado, medios de comunicación, banca, grandes empresas, universidades…) respecto a los trabajadores es exponencialmente mayor a como lo fue en el siglo XX.

Hoy, si hay alguna red social poderosa es la del Capital financiero, poder que se basa, entre otras cosas, en las facilidades que Internet proporciona a la movilidad del dinero.

Como muchos ciudadanos que votan a la Izquierda o a la Derecha, me pregunto si las respuestas que están planteando cada una por su lado van a lograr el objetivo declarado de regenerar el bienestar social (mediante la creación de empleo y la recuperación del gasto público); o si, por el contrario, van a contribuir a agravar la situación y a acelerar algo que al Capital financiero puede venirle bastante bien: la liquidación, por implosión interna, de la democracia pluralista y soberana y su sustitución por alguna forma de autoritarismo, más o menos legitimado por unas instituciones democráticas devaluadas. Esto no es un futurible, hay indicios de que ya está ocurriendo.

Comparto la opinión de quienes piensan que es necesario crear una gran alianza social para responder a la presión que nuestro país -y otros de nuestro entorno- están sufriendo por parte del Capital financiero y las instituciones que representan sus intereses.

Pero esa alianza no puede quedarse sólo en una alianza de Izquierdas (de algunas Izquierdas), sino que debe hacerse extensiva a la Derecha (de algunas Derechas). Debería ser una alianza de quienes defienden la democracia pluralista y participativa, liberal y social, frente a cualquier forma de autoritarismo, también el del Capital. No es una causa para toda la Izquierda, ni para toda la Derecha. Pero es una causa para los demócratas de Izquierdas y de Derechas.

Por otra parte, la respuesta no creo que pueda ser sólo crítica y resistencialista, sino que deberá ser crítica, resistencialista y adaptativa al mismo tiempo; de modo que no se limite sólo a intentar contener el derribo de las estructuras del Estado del Bienestar, sino que se ocupe también de buscar de forma activa nuevas formas de organización social (de trabajo, de consumo, de convivencia…) que promuevan la calidad de vida de los trabajadores en condiciones de hostilidad del Capital o, cuando menos, que atenúen en alguna medida el impacto de su agresión.

Quizás, contraintuitivamente, el patrón de respuesta más adecuado a la crisis no sea el de la polarización y oposición entre ciudadanos que votan a las Izquierdas o a las Derechas, sino el de su colaboración para salvar y desarrollar un bien común: la Democracia, entendida como un sistema pluralista inclusivo, integrador y corrector de las desigualdades sociales.

(+ información en www.javiermalagon.com)






Compartir
Tu nombre:

E-mail amigo:
Enviar
PDF


UNETE






  • linkedin facebook twitter
  • ©reeditor.com
  • Todos los derechos reservados
  • Avisos Legales