BACHELET Y LOS DESAFIANTES

Luego del acuerdo municipal alcanzado entre los partidos de la Concertación y el PC, tras varios meses de negociaciones, donde la moneda de cambio fue la entrega de siete cupos ‘protegidos’ para éstos últimos (Pedro Aguirre Cerda, Til-Til, Diego de Almagro, La Ligua, Catemu, Estación Central y Recoleta), y la libertad otorgada a los comunistas de apoyar en nueve comunas -donde la primera llevará postulantes- a candidatos independientes o del MAS, el bloque de izquierda se prepara para enfrentar la primera elección desde la oposición.

 

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Tras este acuerdo electoral con el PC, los resultados de las municipales serán la prueba de fuego para la oposición con miras a las presidenciales del 2013.  Donde la figura de la actual directora ejecutiva de la ONU-Mujer, Michelle Bachelet, resulta trascendental en su estrategia por recuperar el poder.

 

La ex presidenta quien hace algunos meses parecía correr sin contrapesos como carta presidencial al interior de la Concertación, hoy enfrenta no sólo la aparición de una serie de postulantes al interior de las filas de su coalición, incluido algunos de sus ex colaboradores, sino que también las últimas encuestas tampoco muestran que su opción sea inmensamente superior en las urnas frente a las cartas del oficialismo.  Esto pese a haber dejado La Moneda con más de un 80% de aprobación.  En ese escenario, el síndrome ‘Lagos Escobar’ comienza a aparecer en las huestes concertacionistas.

 

Según los datos entregados por la reciente encuesta La Segunda-UDD, la ex mandataria socialista se impondría en un eventual escenario presidencial al actual Ministro de Obras Públicas, Laurence Golborne, sólo por cinco puntos porcentuales (41 frente a 46%).  Esto pese a ser el personaje político chileno mejor evaluado por la ciudadanía según la última encuesta CEP (82%).  Lo que demuestra que una alta aprobación personal no necesariamente redunda en una gran intención de voto, como le pasó a la propia Bachelet en la última elección presidencial, donde fue incapaz de transferir su histórico apoyo a Eduardo Frei Ruiz-Tagle.

 

Ante este escenario, la todopoderosa y casi beatificada figura de Bachelet comienza a tener sus primeros signos de agotamiento como carta de la Concertación con miras a las presidenciales 2013, sobre todo teniendo en cuenta el largo tiempo que aún resta para éstas.  Además, pese a que uno de sus ‘escuderos’, Camilo Escalona, hoy presidente del Senado señaló a comienzos de este año que no concebía un “plan b” a la opción presidencial de Bachelet, tres meses después han florecido al interior del pacto opositor una serie de opciones o pre-candidaturas presidenciales entre las que destacan las de: José Antonio Gómez, Andrés Velasco, Ximena Rincón, Claudio Orrego y Ricardo Lagos Weber.

 

El surgimiento de múltiples candidaturas delata también el nerviosismo en la Concertación, por un lado ante la disyuntiva de si ésta finalmente se decidirá a competir o no, y ante esa posibilidad la falta de un ‘plan b’, como ocurrió tras la negativa de Ricardo Lagos Escobar al negarse a primarias el 2009.  Por otro lado, producto de la lucha interna entre los ‘escuderos’ de Bachelet –Osvaldo Andrade, Jorge Pizarro, Aldo Cornejo, Guido Girardi, Francisco Vidal y Camilo Escalona- y aquellos que promueven una renovación del pacto opositor a través de un ‘rostro nuevo’ que sea capaz de liderar un proyecto de transformación y cambios profundos para el país, alejado del continuismo del establishment concertacionista que Bachelet y sus guardianes representan.

 

A casi dos años de la elección presidencial se han abierto una serie de flancos a la repostulación de Michelle Bachelet a La Moneda, relacionados con las grandes deudas políticas y sociales de su gestión al mando del país, las responsabilidades políticas de su gobierno en la fallida alerta del tsunami y la judicialización del 27-F.  Si Bachelet decide finalmente inmolarse por los suyos, tendrá que lidiar con un escenario político-electoral totalmente distinto al que le tocó enfrentar hace ocho años atrás, producto de la entrada en vigencia del voto voluntario y la inscripción automática, junto a la falta del apoyo de la maquinaria del Estado, y frente a demandas ciudadanas totalmente distintas con las que lidió el 2005.

 

Con todo, la nueva realidad política-social del país plantea una serie de preguntas que la oposición deberá sopesar al momento de definir su carta presidencial.  Al mismo tiempo, Bachelet tendrá que decidir si es capaz de enfrentar a un Chile distinto de aquel al que a ella le tocó liderar, con un difícil escenario social, mucho más movilizado y activo, sumado a un conglomerado que hoy genera un rechazo ciudadano del 70% y que no detentará el plus de la maquinaria estatal para enfrentar las presidenciales del próximo año.  Frente a este escenario político, sus desafiantes no sólo en el oficialismo sino que al interior de su propia coalición empiezan a multiplicarse, mientras el camino para que Bachelet vuelva a La Moneda comienza a alejarse.

UNETE



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