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CRECER, SIN LA GUÍA AMOROSA DE SU MADRE


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30/03/2012

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Quien pone los límites a nuestra conducta desde que comenzamos a vivir, es una persona. Limitándonos también además,  las otras circunstancias que nos rodean. A saber: las cuestiones económicas, las imposibilidades físicas, las limitantes intelectuales y el marco jurídico de la sociedad en la que estamos insertos. Estas limitantes nos condicionan para que no podamos hacer lo que se nos venga en ganas, pudiendo hacer solo lo que nos está permitido y aceptado por quien o quienes están a nuestro cuidado.



Desde que tenemos vida, queremos hacer eso que se nos ocurre, buscando afanosamente concretar nuestros deseos y aspiraciones lo más rápidamente posible. 



Es desde entonces  que, quienes están a nuestro cuidado desde el comienzo, nos van guiando y haciendo conocer, explicándonos, el  por qué no se puede hacer determinadas cosas que se  nos  ocurren realizar. Introduciéndonos de esa manera en un sistema educativo prácticamente exclusivo, durante los primeros años, para pasar luego a ser compartido con la sociedad y con el sistema educativo formal, representado por la escuela. 



La sociedad, hace solo unas décadas, estaba representada por los miembros de la familia ampliada y por nuestros vecinos del barrio donde vivíamos. Aunque también estaba presente tímidamente, a través de los medios de comunicación como era fundamentalmente la radio.



Ese mundo de relaciones y de contactos con otras personas, se iba ampliando a los pocos años de vida con el ingreso a la escuela. Donde se nos pone en contacto sistemáticamente con los conocimientos que la sociedad, a través del Estado, considera que son más útiles para ir introduciéndonos lentamente como sujetos activos de la misma. Educándonos y formándonos para que seamos sujetos que cumplamos los distintos roles que nuestra cultura, nuestra institucionalidad y nuestra sociedad productiva necesitan que cumplamos.



Lamentablemente las sociedades han ido cambiando sus requerimientos sobre nosotros, sus integrantes, para reproducirse y hacerse más eficiente, sobre todo en lo productivo. Creándonos un sinfín de necesidades que no teníamos en otros tiempos no tan lejanos, sobre todo las necesidades de consumo. Todas esas necesidades prácticamente eliminaron el primer escalón de nuestra educación al restringir el contacto de las personas que alumbran a este mundo con su madre, al haber sido está, incorporada al mundo del trabajo. Por lo que el niño a muy poco tiempo de nacer, se encuentra incorporado a la sociedad que lo tutela de distintas maneras, según sea el poder adquisitivo y las circunstancias que lo rodean.



En el peor de los casos, el niño queda la mayor parte del día tutelado por la televisión. Fundamentalmente porque esta consigue lo que nadie, en la función de entretener y contener, atrapando la  atención de cualquier bebé.



Ese contacto brutal y desprovisto de afecto que provee la televisión, realiza una labor de adoctrinamiento del sujeto en formación, con todo lo que significa el consumo de bienes y servicios que ofrece. Pero su más deletérea función, es la de proporcionar una realidad tecnológica con una enorme dinámica, que actuando sobre el cerebro inmaduro, lo condicionan absolutamente para que luego no encuentre en la realidad real, la satisfacción que encuentra en el contacto con la virtualidad de la pantalla.



Es decir que un sujeto que ha recibido desde su más tierna infancia semejante adoctrinamiento tecnológico, luego se mostrará incapacitado para incorporarse a la sociedad real, por estar seriamente comprometida su posibilidad de aprender en la escuela. Ya que ante la dinámica de la pantalla, todo lo demás le resulta lento, penoso y aburrido. Mostrándose incapacitado para desempeñarse armónica y productivamente, por lo que en cierta forma comenzará a transitar por un camino de exclusión, sobre todo del mundo productivo. Lo que luego lo afectará también en los social y económico.



Además, que por el hecho de haberse criado más solo ante la sociedad representada por la televisión, que no le pone ningún límite, no aceptará que ninguna otra persona que pretenda ejercer autoridad sobre su persona se lo ponga. Simplemente porque no ha sido educado para aceptarla ni acompañado en ese aprendizaje por la guía amorosa de su madre.



Es por esto y por muchas otras cosas que observamos, que luego no nos satisface el funcionamiento de la sociedad en la que vivimos, que tanto nos atemoriza y preocupa.



Eugenio García

http://garenioblog.blogspot.com 







Etiquetas:   Televisión

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