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Existen dos Mediterráneos. Uno,
representado por las playas paradisíacas y el mar azul, por los barcos veleros
y los yates de lujo, por las copas de cava y los anillos de diamantes. El otro,
representado por la pobreza, por la injusticia y por la desigualdad; por el
hambre, por la tensión y últiamente por la lucha en favor de la democracia.
Ambos Mediterráneos están muy cerca el uno del otro, quizá demasiado para
algunos, a quienes no conviene que un Mediterráneo salpique al otro. Sin
embargo estos dos Mediterráneos están ligados hasta el punto más profundo de
este mar, y sus implicaciones van más allá del simple hecho de esta masa de
agua rodeada de tierra. Hoy más que nunca, aquellos que no desean que los dos
mares se junten, están temiendo lo inebitable. Y es que no existe una línea de
separación, no hay una frontera y no se puede levantar un muro.
Hasta ahora los
políticos de Europa, conscientes más que nadie que estos dos Mediterráneos
existían, habían buscado la manera de mantenerlos separados lo máximo posible a
través de una ingeniosa y perversa artimaña. No hay nada que más le guste a un
dictador que ser reverenciado por sus compadres. En este caso los dictadores de
los paises del norte de África (hay para elegir todo un catálogo de personajes,
de todos los colores y formas), recibieron durante décadas el apoyo de los
gobiernos Europeos. Siempre han mantenido un estrecha relación con estos
dictadores, tratando de consolidarlos en el poder, porque siempre han sido
conscientede que mientras los países del norte de África estuvieran gobernados
por dictadores egocéntricos y controladores, los dos Mediterráneos estarían a
salvo el uno del otro.
Era evidente que para los paises
europeos es mucho más fácil sacarle partido a un gobierno dictatorial, (al fin
y al cabo ganándose la simpatía del dictador, se ganan todos los favores) que
tener que lidiar con un gobierno democrático. Es por eso que algunos políticos
como Berlusconi hayan declarado cosas como: "Es para mi un honor ser
invitado el próximo año en Libia el 30 de Agosto, a la Jornada de amistad entre
el pueblo italiano y el pueblo libio, y estaré encantado de estar con vosotros
para festejar el 40 aniversario de vuestra gran revolución" palabras
dirigidas a Ghadafi el 3 de Marzo de 2009. Del mismo modo otros políticos como Aznar, que en los tiempos en los que era presidente
recibió como regalo un caballo por parte del dictador libio. Aznar se
desentendió del jamelgo, pero se encargó de cuidar sus relaciones con Gadafi.
El ex presidente español fue el primer líder occidental en visitar a Gadafi en
Trípoli tras el levantamiento de las sanciones impuestas por la ONU a Libia. En
el año 2007 el presidente Zapatero le agasajó también con una cena a la que acudieron
representantes de las principales petroleras españolas y algunas otras empresas
de gran presencia en el norte de África. La cosa debió funcionar porque, tal y
como informó El Confidencial, España vendería armas a Trípoli por valor de 3,83
millones de euros un año después. Con gestos como estos se refleja claramente
esta estratégia: basta tener al dictador de turno contento y todo saldrá a
pedir de boca. Un Mediterráneo seguirá pasando hambre mientras el otro se nutre
de su miseria.
Pero
resulta que los tiempos van cambiando, nacen herramientas nuevas de
comunicación como internet, y después de muchos años llegan a manos de aquellos
que viven en el "otro" Mediterráneo. Siguen pasando hambre, siguen
sin tener trabajo, pero ahora tienen un ordenador, y se pueden conectar, se
pueden comunicar con gente y de manera que antes sería imposible. Comparten sus
preocupaciones, sus miedos y su ira contra aquellos que son culpables de su
situación. De pronto nace un arma que ningún dirigente puede controlar. Al menos
de momento. Es posiblemente el arma más potente que se haya visto hasta ahora.
Como piezas de dominó, los
dictadores van cayendo uno detrás de otro, empujados por la ira implacable de
quienes llevan décadas bajo su yugo y mientras tanto, los gobiernos europeos se
encuentran a la espectativa ante una nueva realidad que amenaza esa “frontera
virtual” entre los dos Mediterráneos.