. Canadá es
un país que cuenta con una gran riqueza en materia de recursos naturales,
principalmente petróleo y minerales, pero a eso le añade un factor fundamental:
un elevado nivel de capacitación profesional.
La
estabilidad del país se nota en un sistema financiero sólido y prudente. Y
además en un crecimiento estratégico hacia los sectores de la economía del
futuro: la producción de la tecnología y los servicios. El 71% de toda la
riqueza que se genera en Canadá corresponde al sector de servicios, el mismo
que depende del conocimiento y el profesionalismo de los recursos humanos
canadienses. Es un país competitivo, que planifica y crece económicamente en
forma sostenida.
La
gran riqueza petrolera es una enorme ventaja -y dicen que en 2050 hará de
Canadá uno de los mayores productores de petróleo, sólo por detrás de los
países del mundo árabe- pero no es el único soporte de la economía. Al
contrario, los canadienses dependen cada vez menos de sus materias primas y
cada vez más del conocimiento. Por eso han diversificado sus ingresos, han
desarrollado industrias de tecnología avanzada y han trabajado en los cimientos
de cualquier emprendimiento económico: la educación de la gente.
Hoy
la economía canadiense crece sobre la base de la innovación y la tecnología.
Genera muchos empleos y paga buenos salarios, porque se trata de mano de obra
calificada y muy competitiva, como la que hoy requiere el mundo globalizado. El
Producto Interno Bruto (PIB) per cápita es de cerca de 40 mil dólares, muy por
encima de países de América Latina que poseen igual o mayor cantidad de
riquezas naturales.
Al
igual que México, Canadá tiene un relacionamiento comercial muy intenso con
Estados Unidos: más del 80% de la exportaciones tiene como destino el mercado
norteamericano. Pero los resultados en suelo canadiense son distintos, pues
mientras México tiene elevados niveles de pobreza, no ha mejorado su
competitividad y soporta un grave problema de empleo, Canadá goza de calidad de
vida, progreso y empleos bien remunerados.
Algo
que sin dudas marca diferencias con las economías subdesarrolladas
latinoamericanas es el aprovechamiento estratégico de la riqueza: mientras
algunos países continúan siendo exportadores de materia prima y dependen de la
producción primaria, Canadá ha dado el salto hacia la economía del
conocimiento, ha invertido en la formación de su mano de obra y con ello ha
logrado que sus industrias sean competitivas y que la innovación permanente le
permita ir siempre un paso adelante. Mientras los canadienses aparecen en los
primeros lugares en los estudios de transparencia, en otros países se mantienen
el secretismo, la corrupción, la desinformación y otros males que reproducen la
pobreza y escamotean las buenas oportunidades.
Para
proyectar la economía de nuestros países tenemos que aprender a ser serios y
planificadores como los canadienses, así como transparentes y visionarios. El
potencial de los recursos que se posee es enorme: la energía eléctrica en
Paraguay, el gas en Bolivia o el petróleo en Venezuela son apenas algunos
ejemplos de la gran riqueza que no ha sabido utilizarse para erradicar la
pobreza o la marginación. Aprendamos a redireccionar nuestra riqueza natural y
a generar el sustento para una economía de futuro: la economía del
conocimiento. Esa es la transición que nos urge hacer, antes de que las
bondades de la naturaleza se acaben.