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No hay nadie que no se haya sorprendido
ante el inesperado resultado de las elecciones andaluzas, cuyas encuestas daban
la mayoría absoluta al Partido Popular.
El Partido Socialista venía de sufrir la
mayor debacle electoral de sus historia en las generales de noviembre. Su candidato Jose Antonio Griñán, era uno
de los hombres menos carismáticos que podía haber puesto el PSOE al frente de
Andalucía. Las vergonzosas tasas de desempleo andaluz, muy por encima de la
media nacional, y cifras como más de 400.000 familias sin ningún tipo de
ingreso y casi el doble de desempleo juvenil que la media española, dejaban
poco margen de esperanza para el PSOE, ni siquiera de gobernar con el apoyo de
IU.
Además, el reciente y vergonzoso escándalo
de los ERES, donde el responsable de empleo de la Junta de Andalucía
había “robado” dinero público, incrementaban lo que parecía ser un derrumbe
total, tras llevar el gobierno andaluz además un desgaste ya de 30 años de
gobierno ininterrumpido.
Sin embargo, el Partido Popular se ha confiado y ha cometido graves errores de marketing político.
El primero de ellos es mantener a un
candidato, Javier Arenas que ya ha
perdido tres elecciones y cuya imagen aunque no se termina de ver desde Madrid,
queda muy lejos de el liberal moderno y se asemeja más al clásico y odiado “señorito
andaluz”.
Otro error ha sido empeñarse en presentar continuamente en los medios
al ministro de Hacienda Cristobal Montoro,
apoyando la candidatura. Montoro es el responsable directo y la imagen de la reciente
subida de impuestos directos, que ha gustado muy poco a los votantes de clase
alta del PP.
Junto a él, en cada comparecencia pública ha
aparecido Fátima Báñez, la ministra andaluza
que en este caso ha sido la responsable de la reforma laboral más agresiva de la
historia de España.
El tercer error en mi opinión ha sido no
tener en cuenta hasta qué punto algunas reformas
como la congelación de la Ley de dependencia, han llegado a afectar no sólo a 600.000 andaluces
sino evidentemente entre ellos a cientos
de miles de votantes del PP, dependientes totalmente de ésta ayuda para
cuidar a sus familiares mayores o enfermos.
Además, todos sabíamos que el PP no
presentaba sus presupuestos a nivel
nacional hasta que no acabaran las elecciones andaluzas, lo que ha transmitido
la clara sensación de que tras las elecciones habría más recortes por parte del
gobierno.
Todo ello junto a la bajada de las pensiones y a una campaña victimista del PSOE en la que ha remitido a argumentos como
el de que el Partido Popular iba a acabar con el PER de los jornaleros o que el estado de bienestar estaba en juego,
ha terminado por precipitar al PP a la tragedia inesperada.
El PSOE
ha planteado muy bien su campaña dentro de lo que podía argumentar. Tal y como
recordaba un día José María Maravall,
el ex ministro socialista de educación con Felipe González, Catedrático de
Ciencia Política y antiguo responsable de la milagrosa campaña electoral
socialista de 1993: las palabras que más
resultado le dan al PSOE en las campañas siempre son: infraestructuras,
estado de bienestar y Sanidad. Palabras que ha empleado el PSOE hasta la
saciedad, advirtiendo también de la posible introducción del co-pago sanitario.
Demasiados
afectados por los recortes en muy poco tiempo, demasiada confianza en el
Partido Popular a la hora de no medir el posible impacto de los errores
descritos.
La foto finish de las elecciones la dejaba ayer Javier Arenas, el
candidato que pierde sus cuartas elecciones en Andalucía, junto a Fátima Báñez,
la ministra de la reforma laboral y Cristóbal Montoro, el ministro de los
impuestos. Fatal
error de cálculo.Twitter: DavidLaso