Al margen del análisis político, de cuyas amplias lecturas consta la inspiración de corruptela que treinta años del PSOE ha evidenciado en Andalucía, cabe preguntarse sobre las consecuencias electorales para los dirigentes socialistas que se jugaban hasta la cárcel en este embate democrático. Tres décadas de corrupción sin controles y con el arbitrio sectario de un socialismo sospechoso de múltiples tramas delicuescentes, deberían ser objeto de atención especial y no dar por hecha la legitimidad democrática de quienes han trampeado constantemente y con impunidad hasta hace poco tiempo vergonzantemente evidente.



