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Apagón


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23/03/2012


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De pronto la ciudad quedó a oscuras. Todas las luces se perdieron en un murmullo ahogado y la vida se detuvo un instante: en una esquina un hombre quedó con la mano alzada, sosteniendo la ficha de dominó que no llegó a ocupar su lugar; la viejecita que salía de su hogar se aferró a la puerta en una duda; la mujer se detuvo en medio de la cocina sin saber qué hacer con la olla que sostiene en las manos…


Poco a poco, a medida que las pupilas absorben los restos de luz que llenan el espacio, la vida va retomando su curso. La ficha de dominó cae estruendosamente sobre la mesa de juego, arrancando improperios a los que se reúnen a su alrededor; la viejecita regresa sobre sus pasos cansinos hacia la seguridad de su hogar; la mujer logra colocar la olla sobre una meseta cercana y comienza a buscar a tientas la pequeña caja de fósforos...

Los niños asaltan en masas las brumas de las calles, libres de pesadas tareas escolares, de la hora del baño, o del ceño fruncido de la madre en anuncio de un regaño. Son una sombra más entre tantas que se desdibujan en la oscuridad, caminando con pasos inseguros, o sentadas bajo el umbral de las puertas, creciendo y desapareciendo a los antojos de los focos de algún automóvil que pasa veloz, dejando tras de sí una lobreguez silenciosa.

En las casas los criterios se dividen: el padre se queja por no poder ver el partido de pelota, la madre porque “la novela estaba buenísima hoy”, la abuela se persigna alejando espíritus (o la muerte que tal vez ande al acecho) y los novios comparten osadías y ahogan gemidos delatores; ruegan porque el apagón dure una eternidad.

Absortos en sus propias miserias, pocos miran al cielo. Solo el joven pintor que en su estudio-taller acaricia pinceles y reclama a sus musas, halla en la bóveda estrellada motivo para su inspiración.

Cuando la ciudad recupere sus luces en un grito de júbilo y el tiempo parezca acelerarse en el ir y venir de sus habitantes; entonces, solo entonces, la verdadera poesía del apagón quedará plasmada sobre el lienzo.





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Etiquetas:   Energía   ·   Relato Breve   ·   Santiago de Cuba

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