.ecured.cu/index.php/Nueva_Trova">Aniversario 40 del Movimiento
de la Nueva Trova y en recordación de Sara
González.
Pretendía hablar sobre esa relación que muchos cubanos tienen con
Sara. Ese descubrirla como muchos la descubrimos (como también la descubrió Eduardo
Sosa, presidente del Encuentro de Trovadores), cantando a
todo pulmón, con la potencia de su voz envidiable y querida, a través de la
televisión.
Luego asistí al concierto y todo cambió. Porque es bien poco lo
que puede decir quien no vivió el día a día de “la gorda” y sus amigos, quien
no disfrutó de la jocosidad del cubano que en ella parecía estar exacerbada,
quien no sufrió una de sus impulsivas críticas; quien no compartió con ella
canciones y descargas.
Pero no renuncio a hablar de esa gorda de ojos clarísimos y
sinceros, de dientes prominentes y abdomen empinado, de voz extraordinaria y
eterna; que
tuvo la pésima idea de morir, o mejor, de cambiar de paisaje, como dijera
Alí Primera; porque quienes asistimos a la Peña (así lo llamó en todo momento
Pepe Ordaz, amigo de Sara y anfitrión de este encuentro) Homenaje, nos llevamos
dentro un poquito de ese amor que le profesan (en presente como está en sus
corazones Sara) los que la conocieron y fueron cómplices de sus ocurrencias.
Fue una noche extraordinaria, sincera, conmovedora. Pepe Ordaz al
frente de la tropa de fieles; acompañado de Eduardo Sosa, Marta Campos, Pancho Amat,
José Aquiles, el impresionante trío Palabras, de Villa Clara; el dúo Así Son y
el Grupo Granma, compartieron canciones, tragos de ron y anécdotas que nos
acercaron a un Sara fraternal, amorosa, decidida, fiel, y aglutinadora.
En el público su eterna compañera, Diana Balboa, visiblemente
emocionada, recibió también el agasajo y el agradecimiento por su apoyo para
hacer posible una noche como la de este domingo 18 de marzo.
Al final, otra vez Sara, la gorda de todos, llenó con su voz y su
imagen toda la Sala, acompañando a sus amigos de siempre, y a los que
aprendimos a quererla y respetarla desde la distancia, en una de esas descargas
de las cuales ella jamás se perdería. Esta columna también está publicada en Santiago en mi