Desde que nos levantamos por la mañana empezamos una especie de carrera, guiada por un cronómetro exigente. Unos más, otros menos pero corremos. Corremos para arreglarnos y no llegar tarde al trabajo, corremos para dejar los niños en el “cole”, corremos para no perder un tren, un bus…En definitiva; corremos para acudir a un sitio u a otro, determinados por un reloj que tiene que marcar siempre la hora exacta.




