Guitarra a cuestas y madrugadas en los ojos, acaso un ligero sabor a ron en los labios, pero eso sí, mucho sentimiento, mucha poesía echa canción para enamorar en serenatas que no exigen balcones, porque cualquier parque de la ciudad le viene bien.
Guitarra a cuestas y madrugadas en los ojos, acaso un ligero sabor a ron en los labios, pero eso sí, mucho sentimiento, mucha poesía echa canción para enamorar en serenatas que no exigen balcones, porque cualquier parque de la ciudad le viene bien.

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El trovador es un juglar del siglo
XX que se escapó a la muerte y anda presumiendo de su inmortalidad en pleno
siglo XXI. Confía en esa musa de voluptuosas curvas y tersa piel de madera; la
abraza con ternura, mientras acaricia con sus dedos las cuerdas que la hacen
cantar.