Trovando

Guitarra a cuestas y madrugadas en los ojos, acaso un ligero sabor a ron en los labios, pero eso sí, mucho sentimiento, mucha poesía echa canción para enamorar en serenatas que no exigen balcones, porque cualquier parque de la ciudad le viene bien.

 

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El trovador es un juglar del siglo XX que se escapó a la muerte y anda presumiendo de su inmortalidad en pleno siglo XXI. Confía en esa musa de voluptuosas curvas y tersa piel de madera; la abraza con ternura, mientras acaricia con sus dedos las cuerdas que la hacen cantar.

El trovador resiste el ostracismo al que lo someten otros géneros, más “populares” o populistas, y rumia sus penas en los rincones, a veces llamado Peñas, con canciones que atraen a los fieles que lo alimentan de esperanzas, de amor, y nuevas anécdotas para narrar en acordes y melodías. Allí siembra pequeños oasis que salvan de las estridencias de oídos sordos, y gestan su propia resistencia de graffiti sonoros.

De vez en cuando abandona su cueva y vuelve a apropiarse de lugares que le son tan suyos que es difícil imaginarlos en otro sitio. Entonces, sin importar denominaciones que anuncien encuentros, jornada o festival, ya el trovador no es uno solo, le nacen guitarras y versos, pretextos para arroparse de amigos o desconocidos que corean sus letras o, simplemente, asisten callados a ese parto de historias tal vez tan iguales a las suyas, que agradecen con una sonrisa tímida, una mirada cómplice, un aplauso generoso.

Luego, cuando las luces se apagan, el trovador sigue trovando; no necesita de neones ni telón de fondo para sus versos; simplemente, echa a andar. Sus pasos redescubren las calles que lleva tatuadas en los pies, se adueña de esquinas y bancos a los que siempre acuden sus cofrades de desaliñada y trasnochada estampa. Las voces se alzan en coro sobre las brumas y arrullan la ciudad.

Más tarde (¿o bien temprano?), cuando la noche impone su mutis y el trovador se desviste del juglar y otros temas se adueñan de las conversaciones, muy en sordina, como leve testigo de las confidencias, todavía se escucha el canto de la guitarra.

 

Nota: Esta columna está dedicada a la celebración del 50 Festival de la Trova “Pepe Sánchez”, en la ciudad de Santiago de Cuba, del 15 al 19 de marzo de 2012.

UNETE



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