El día que decidí defender a Bielsa

     Y todavía algunos quedan, como si el tiempo, corrosivo, destructor, se olvidó de ellos y en algún hueco, recoveco, están, persisten, nos miran. De pronto, aparecen en un bar, sentados, o tal vez, por qué no, en una mesa familiar, quizás nadie los invitó pero están. Ellos, tan llenos de ínfulas, encuentran ante la cercanía de cualquier ser la posibilidad de hacer su monólogo sobre fútbol. Porque hablar es otra cosa, es mostrar alguna disidencia en lo que se plantea, construir vagamente algo, un concepto, idea, una noción que quizás no dura dos minutos, pero es. Con ellos, el mapa es disímil, peor aún con ese tonito entrecortado, sucio, te golpean el hombro y clavan su daga, esa frase que ya no quiero volver a escuchar: pibe, vos no sabés nada de fútbol, fútbol era el de antes. Ya de escribirla, viendo esta frase en la notebook sale lo peor de mí, apreto el puño, saco la cabeza por encima de la pantalla, respiro unos segundos y vuelvo a colocar la imagen en el texto. Idiotas a la milésima potencia, sarta de inútiles.

 

. De pronto, aparecen en un bar, sentados, o tal vez, por qué no, en una mesa familiar, quizás nadie los invitó pero están. Ellos, tan llenos de ínfulas, encuentran ante la cercanía de cualquier ser la posibilidad de hacer su monólogo sobre fútbol. Porque hablar es otra cosa, es mostrar alguna disidencia en lo que se plantea, construir vagamente algo, un concepto, idea, una noción que quizás no dura dos minutos, pero es. Con ellos, el mapa es disímil, peor aún con ese tonito entrecortado, sucio, te golpean el hombro y clavan su daga, esa frase que ya no quiero volver a escuchar: pibe, vos no sabés nada de fútbol, fútbol era el de antes. Ya de escribirla, viendo esta frase en la notebook sale lo peor de mí, apreto el puño, saco la cabeza por encima de la pantalla, respiro unos segundos y vuelvo a colocar la imagen en el texto. Idiotas a la milésima potencia, sarta de inútiles.
      Ellos, siendo minoría, parecen argumentar, desde vaya uno a saber, un sentir popular que sólo contienen verdades en las venas y no encuentran mejor modo que estigmatizando, mediante una variable tan soez como la edad, a cualquier atisbo de resistencia a esas indicaciones precarias, eso sí, debo admitirlo, vendidas como cualquier chiche tecnológico que irrumpe en el mercado. Pero precarias, igual, a mí, que luché contra ellos infinidad de oportunidades no me van a engrupir.  En cualquier charla con los que a continuación tildaremos de “ellos”, tan incontinentes, desde un atril imaginario te señalan y mascullan una pregunta: pibe, a vos te debe gustar Bielsa ¿no?, con una mueca sobradora, diciendo por dentro mirá estos pendejos, no paran de comerse ese chamuyo. Y uno siente que la lucha empezó, que por un deber, configurado como moral debe estructurar en su mente las anotaciones mentales que ya utilizó alguna vez cuando estuve en presencia de estos seres. ¿Por qué todavía existen? ¿Por qué? Habrá que defender al prócer rosarino una vez más, hablar de la revolución futbolística que causó en México y Chile, de innovaciones tácticas que tipos, ultraganadores como Guardiola han valorado y asumido en su propio trabajo, en fin, cumplir con la tarea de no convencer a estos seres incapaces de una comprensión sino para un mismo, como un cumplido personal.

     Y este muchacho, mucho entrenamiento pero nos fuimos en la primera ronda del Mundial. Es una estocada que, de tanto decirla, en el caso particular ya no llega con la misma profundidad. “Ellos” defienden un fútbol que nos hacía pasar papelones afuera, un fútbol de mierda, lento, bohemio sin sentido, una reverenda cagada. Desde perder 6 a 1 con Checoslovaquia en el 58 hasta no clasificarnos en el Mundial del 70, emergen sin pensar algunos ejemplos, debe haber muchos más. “Ellos”, tan sueltos de cuerpo largan Messi hace 40 años no iba ni al banco. Es la repetición de clichés que algún malparido dijo hace décadas y como si fuese un Mahoma en nuestras pampas, tratan de evangelizar con estos mandamientos, de resultado nulo, a cada sujeto que, por mala fortuna se les sienta adelante. De vez en cuando veo a alguno con un micrófono adelante que se atreve, con una inconsciencia sideral, a machacar sobre las mismas ideas, de que el fútbol ya no es lo que era, que esto, que lo otro, pero a fin de mes cobra un cheque bien cargado del mismo fútbol que dice aborrecer. Estoy seguro de quien lea estas líneas debe acompañar este sentimiento de rechazo excesivo para este tipo de individuos, que formulan irrealidades, submundos, todo por mantener su estrechez existencial a costa de dañar al resto. No sólo es un sentimiento individual, hay algo más, una molestia que debemos extirpar a partir de un esfuerzo colectivo, en ridiculizar a estos sujetos en cualquier espectro que aparezcan, hacerlos sentir inútiles, que no tengan otra alternativa que seguir recluyéndose aún más, escondiéndose de la vergüenza que significa nada más y nada menos que ser como “ellos”.

UNETE



Compartir
Tu nombre:

E-mail amigo:
Enviar
PDF

  • linkedin facebook twitter
  • ©reeditor.com
  • Todos los derechos reservados
  • Avisos Legales