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"Bipolar" ("Maniac: a memoir"), de Terri Cheney.


Inicio > Psicología
15/03/2012


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Una pequeña mujer pecosa, de talla 36, californiana, abogada, guapa: Terri Cheney. ¿Cómo puede padecer trastorno bipolar, una de las enfermedades mentales más severas y persistentes del mundo? Así es y así nos lo cuenta en su libro de título original “Maniac: a memoir”, publicado en 2008 (en versión castellana en 2011, por Santillana Ediciones Generales, S.L.).


Una vida yuppy ajetreada, no podía ser menos, un caldo de cultivo idóneo para padecer este tipo de dolencias del alma. Un montón de experiencias al límite, que nos atormentan, pues quién no se ha sentido a veces un poco como ella: clarividencia, amor, sentido profesional, y otros adjetivos positivos, pero también todos sus opuestos, pues eso es la bipolaridad, el paso de un extremo a otro de la situación, de depresión a euforia, que se supera tras un largo tratamiento (un “calvario”, según la autora), incluyendo tratamiento psiquiátrico (severo), después de un intento de suicidio.

Es la psicosis maniaco-depresiva (término acuñado por Emil Kraepelin, psiquiatra alemán), un trastorno del estado de ánimo caracterizado por la presencia de uno o más episodios con niveles anormalmente elevados de energía, cognición y del estado de ánimo, que comienza con una manía y acaban con una depresión, pudiendo ser el fenómeno cíclico. Sus causas se encuentran en desequilibrios electroquímicos de los neurotransmisores cerebrales, aunque cabe mejor decir que es multifactorial. El tratamiento farmacológico es altamente eficaz, utilizándose benzodiazepinas, antipsicóticos y estabilizadores.

Durante la fase depresiva el paciente puede presentar pérdida de la autoestima, desánimo, ensimismamiento, sentimientos de desesperanza y de culpabilidad excesivos o inapropiados, cansancio o aburrimiento durante largos periodos, somnolencia o insomnio, problemas de concentración, distracción por sucesos sin trascendencia, dificultad para tomar decisiones, pérdida del apetito, pérdida involuntaria de peso, pensamientos anormales sobre la muerte o el suicidio, etc.

En la fase maníaca, sin embargo, los síntomas son radicalmente opuestos: exaltación del estado de ánimo, aumento de las actividades orientadas hacia metas, delirios de grandeza, creencias falsas en habilidades especiales, ideas fugaces, autoestima alta, agitación, verborrea, excesivas inquietudes, aumento involuntario del peso, hostilidad, alucinaciones, etc.

Solo una persona como Cheney, con capacidad para verse a sí misma al borde del abismo, jugando con la realidad, puede decidir apostar por entenderse mejor, pase lo que pase, lo comprenda su mundo circundante o no, incluyendo familia y amistades, superando la vergüenza, con toda honestidad. Algo muy loable, desde luego.



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