. ¿Cómo puede
padecer trastorno bipolar, una de las enfermedades mentales más severas y
persistentes del mundo? Así es y así nos lo
cuenta en su libro de título original “Maniac: a memoir”, publicado en 2008 (en versión castellana en 2011, por Santillana Ediciones Generales, S.L.).
Una vida yuppy
ajetreada, no podía ser menos, un caldo de cultivo idóneo para padecer este
tipo de dolencias del alma. Un montón de experiencias al límite, que nos
atormentan, pues quién no se ha sentido a veces un poco como ella:
clarividencia, amor, sentido profesional, y otros adjetivos positivos, pero
también todos sus opuestos, pues eso es la bipolaridad, el paso de un extremo a
otro de la situación, de depresión a euforia, que se supera tras un largo tratamiento
(un “calvario”, según la autora), incluyendo tratamiento psiquiátrico (severo), después
de un intento de suicidio.
Es la psicosis
maniaco-depresiva (término acuñado por Emil Kraepelin, psiquiatra alemán),
un trastorno del estado de ánimo caracterizado por la presencia de uno o más
episodios con niveles anormalmente elevados de energía, cognición y del estado
de ánimo, que comienza con una manía y acaban con una
depresión, pudiendo ser el fenómeno cíclico. Sus causas se encuentran en
desequilibrios electroquímicos de los neurotransmisores cerebrales, aunque cabe mejor decir que es
multifactorial. El tratamiento farmacológico es
altamente eficaz, utilizándose benzodiazepinas, antipsicóticos y estabilizadores.
Durante la fase
depresiva el paciente puede presentar pérdida de la autoestima,
desánimo, ensimismamiento, sentimientos de desesperanza y de culpabilidad
excesivos o inapropiados, cansancio o aburrimiento durante largos periodos,
somnolencia o insomnio, problemas de concentración, distracción por sucesos sin
trascendencia, dificultad para tomar decisiones, pérdida del apetito, pérdida
involuntaria de peso, pensamientos anormales sobre la muerte o el suicidio,
etc.
En la fase maníaca, sin embargo, los síntomas son
radicalmente opuestos: exaltación del estado de ánimo, aumento de las
actividades orientadas hacia metas, delirios de grandeza, creencias falsas en
habilidades especiales, ideas fugaces, autoestima alta, agitación, verborrea,
excesivas inquietudes, aumento involuntario del peso, hostilidad,
alucinaciones, etc.
Solo una persona como
Cheney, con capacidad para verse a sí misma al borde del abismo, jugando con la
realidad, puede decidir apostar por entenderse mejor, pase lo que pase, lo
comprenda su mundo circundante o no, incluyendo familia y amistades, superando
la vergüenza, con toda honestidad. Algo muy loable, desde luego.