Me siento frente a la computadora, exhausto, con un leve dolor de cabeza y un ligero tic nervioso que hace saltar mi párpado arrítmicamente. Lo miro fijamente. Él me regala la cuadratura impávida de su monitor, más brillante de lo recomendado para ojos sanos. ¿Reconozco acaso un ligero destello de sorna?




