Red de publicación y opinión profesional
Política · Economía · Sociedad · Cultura · Ciencia · Tecnología ·
Últimas etiquetas:   Periodismo   ·   Lectores   ·   Psicología   ·   Cultura   ·   Escritores   ·   Trastorno de Personalidad   ·   Psicoterapia   ·   Psicoanálisis   ·   Tratamiento Psicológico   ·   Psiquiatría



Anecdotario de libros


Inicio > Literatura
13/03/2012


2551 Visitas



Seva, del escritor puertorriqueño Luis López Nieves, es un cuento en el que se reescribe la historia de la invasión de Puerto Rico por las tropas norteamericanas en 1898. El autor ahonda en los verdaderos sentimientos independentistas del pueblo boricua, a partir de la historia de un ficticio pueblo costero, Seva, que enfrentó heroicamente a las tropas invasoras y pagó, con la muerte por fusilamiento de 720 de sus hijos, el precio de la resistencia ante un ejército muy superior.


La publicación del texto en 1983 tuvo en la isla caribeña una extraordinaria repercusión, comparada en ocasiones con la ocurrida con la transmisión radial de “La guerra de los mundos”, de Orson Wells, en 1930, cuando el pueblo norteamericano realmente creyó que estaban siendo invadidos por extraterrestres.

Según se ha manifestado, la versión histórica ofrecida por López Nieves sobre los acontecimientos que tuvieron lugar durante la invasión norteamericana a Puerto Rico, puso en duda, en la mente de no pocos puertorriqueños, la versión oficial y comprobada de lo que fue el inicio de la dominación colonial estadounidense en Borinquen. Y es que, lo ocurrido en el pueblecito literario rescata el orgullo herido de los isleños, quienes no se conforman con el aparente conformismo con que se aceptó el paso de la isla a manos de Estados Unidos.

Cada reedición del texto ha venido acompañada de páginas complementarias donde se narra la conmoción causada por el cuento en tierras borinqueñas, así como diversos ensayos que, sobre Seva y sus repercusiones, han sido realizados por diversos especialistas.

La edición cubana, Seva: Historia de la primera invasión norteamericana de la isla de Puerto Rico ocurrida en mayo de 1898 (La Honda, Casa de las Américas, Cuba, 2007, pp.153), no es menos.

Fue precisamente esta edición la que disfruté hace ya más de dos años, luego de conocer sobre su autor gracias a una entrevista cedida por este en un diario local, con motivo de la presentación de su novela “El corazón de Voltaire” en la Feria del Libro de 2010.

Tanto me impresionó el texto que de inmediato quise compartirlo con amigos y conocidos; manía casi enfermiza que tengo de prestar libros que me ha deparado no pocos disgustos por ver cómo algunos no regresan jamás a mis manos.

Poco faltó para que Seva sufriera la misma suerte. Después de leerlo lo presté a una colega de trabajo y hace unos pocos días, ¡casi dos años después!, me fue devuelto. Durante ese tiempo la permanencia del libro en sus manos se convirtió en un tema jocoso entre ambos, dada la brevedad de la narración y el tiempo consumido para leerla; tal así que, al devolverme la pequeña edición cubana, mi colega me dijo pícaramente: “ahorita tengo que volver a leérmelo porque ya se me olvidó de qué trata”

Esta anécdota vivida con Seva trajo a mi mente otras tantas relacionadas con los libros, esos tesoros impresos que me han acompañado desde mi infancia y que me han regalado algunos de los más extraordinarios momentos de placer.

Recordé, por ejemplo, el caso de otro libro “viajero”, En el cielo con diamantes, del escritor y guionista de cine cubano Senel Paz (El lobo, el bosque y el hombre nuevo). Comprado por mí en la Feria del Libro de 2009, lo presté a una amiga que lo tuvo en su poder durante más de un año, tiempo durante el cual, incluso, ella vivió en la Habana, manteniendo “mi libro” a unos peligrosos 969 km de distancia de mí. Lo curioso es que cuando me lo devolvió (ay de mi que no aprendo la lección!) lo presté a otra persona y hasta el sol de hoy

Otro libro de la colección La Honda, de Casa de las Américas, ocupa un lugar especial en mi anecdotario. Se trata de la edición cubana de El cartero de Neruda, de Antonio Skármeta, el que se convirtió en mi libro favorito (desplazando incluso a los textos de José Saramago, mi autor de cabecera).

Este título, y en especial la edición de La Honda, logró el raro record de ser comprado en ¡seis ocasiones diferentes! por mí y, en cada caso, luego de (re) leerlo, lo regalaba a alguien por quien sentía afecto, incluyéndole irremediablemente una dedicatoria. Sin embargo, a pesar de ser el libro que más veces he comprado, ¡no tengo ni una copia!

Pero El cartero… no solo protagoniza esta anécdota, sino que se convirtió en el primer y único libro que he sido capaz de leer íntegramente en formato digital; una opción que descarto incluso con otros libros que me adeudo. Para mí, el contacto físico con la página impresa, es uno de los placeres de los que jamás me quisiera privar.

Si de lecturas hablo, entonces vienen a mi memoria dos textos que comparten anécdotas similares aunque opuestas. Se trata de Faraón del escritor polaco Boleslaw Prus y Del amor y otros demonios, de Gabriel García Márquez. El primero de ellos se convirtió en el libro que más he demorado en leer, casi seis meses, coincidiendo con el primer semestre de mi carrera universitaria, un momento de cambios y adaptaciones en el que aún no controlamos bien el tiempo del que disponemos. La demora, sin embargo, no hizo mella alguna en el efecto positivo que la novela dejó en mí.

Por el contrario, la obra de García Márquez atesora el récord de ser la que menos tiempo me ha tomado en leer, poco menos de una jornada de trabajo de ocho horas, durante un día ocioso en mi etapa de Servicio Militar.

Así, he ido conformando un anecdotario literario personal que aporta nuevos encantos a las páginas leídas. En el se incluye el descubrimiento de nuevos autores; los constantes ires y venires al Club Minerva de la Biblioteca Nacional José Martí; el libro que reclama ser leído en cada instante y lugar; el best seller que se impone leerlo en apenas un fin de semana, tiempo del que se dispone antes de su devolución; el perseguir un título por todas las librerías de la ciudad; los libros extraviados; los autores y títulos que me adeudo; el diminuto librero artesanal que atesora los libros que forman parte indispensable de mí…

Cada persona ha de tener su propio anecdotario de libros, historias semejantes o no a las aquí confesadas, pero extraordinarias desde el mismo instante en que el libro se convierte en uno de los protagonistas de la misma.

Pero más allá de recordar los avatares que enlazan la historia propia con la que se desarrolla en las páginas impresas, donde hallo mayor regocijo es en el libro que aún no he leído, ese que potencialmente se convertirá en una nueva anécdota que contar.



Etiquetas:   Literatura   ·   Literatura Latino Americana

Compartir
Tu nombre:

E-mail amigo:
Enviar
PDF

0 comentarios  Deja tu comentario




Los más leídos de los últimos 5 días

Comienza
a leer


Un espacio que invita a la actualidad e información
 

Publica tus artículos


Queremos ser tus consejeros y tu casa editorial

Una comunidad de expertos


Rodéate de los mejores y comienza a influir
 

Ayudamos a tu negocio


El lugar y el momento adecuado donde debes estar
Secciones
18753 publicaciones
4729 usuarios
Columnas destacadas
Los más leídos
Mapa web
Categorías
Política
Economía
Sociedad
Cultura
Ciencia
Tecnología
Conócenos
Quiénes somos
Cómo publicar en Reeditor
Contacto
Síguenos


reeditor.com © 2014  ·  Todos los derechos reservados  ·  Términos y condiciones  ·  Políticas de privacidad  ·  Diseño web sitelicon.com  ·  Únete ahora