Olvidos

Últimamente ando preocupado: olvido más de lo normal.

 

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No se trata de despistes, dejar regado algún objeto en un sitio que vuelve a la memoria con tan solo dar unos pasos atrás, regresar sobre los pasos como si (o será en efecto así) se regresara a la vez por el mismo cauce de pensamientos de donde nació el olvido.

En fin, no es un olvido de “objetos físicos”, de ser así, tal vez no me preocupara tanto.

Se trata de que olvido palabras, se borran de mi mente justo cuando más la necesito para hacerme entender. Y no son palabras en desuso, esas a las cuales se recurre de vez en cuando y siempre con el diccionario en la mano; sino palabras de las cuales hice uso minutos antes, o fueron leídas, o fueron vividas hace apenas unos instantes.

A veces estoy conversando y al momento de completar una frase…zás!! se extravió la palabra, y quedo como un tonto, con mirada de tonto incluida, sin saber qué decir. En el mejor de los casos (¿o será el peor?) me deshago en gestos teatrales, señalando a espacios vacíos como pidiendo a mis dedos, a mis manos, que digan lo que la boca no dice, que recuerden lo que el cerebro extravió en su madeja de neuronas.

Por suerte, esas palabras ausentes aún no me faltan cuando escribo. Sería triste añadir, al amenazante blanco del papel (con el tintineo exasperante del cursor), ese ir y venir de ideas esquivas. He llegado a pensar si no tendré que andar por la ciudad con una pequeña libreta donde anclar esas palabras que no quieren ser mencionadas.

Por si acaso, ya he cambiado la rutina de mis pasos, me cepillo con la mano izquierda e intento leer algunas frases con el papel “de cabeza”. Dicen que esos ejercicios ayudan a ejercitar la mente y suelen prevenir el tan temido y mencionado Alzheimer

Por ahora sólo me queda hacer una cosa…uhmm, qué era…creo queeee….ah!! sí, publicar esta columna.

UNETE



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