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De la metáfora a los gobiernos


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06/03/2012

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El modelo del barco es una representación simbólica que pretende ayudarnos a comprender mediante la metáfora del navío cuál es la relación entre el Estado, la sociedad, el gobierno y el mercado. Para ello es necesario realizar un ejercicio imaginario donde el Estado es una embarcación, la sociedad son los marineros, el gobierno es el capitán y la economía de mercado es cualquier representación geográfica donde se pueda navegar (ríos, mares u océanos).



Una vez hecha en nuestra mente dicha representación, partimos de la metáfora utilizada en los discursos de Platón y algunas reflexiones hechas por Foucault. La noción de “gobierno” en el sentido etimológico de la palabra proviene de la raíz griega kubernao que significa dirigir con el timón. Cuando Platón se refiere a la actividad política de la ciudad de Atenas con preocupación semejante a la de un mal gobierno, postula la metáfora que toma al Estado como un navío y expresa su gran preocupación por que los gobiernos mantenían a la ciudades sin rumbo y sus constantes cambios de dirección terminaban por “marearle”. Bajo esa lógica parafraseando a Foucault, gobernar una embarcación significa hacerse cargo de los marineros, pero también del barco y su cargamento. Gobernar es tener en cuenta los vientos, el clima y las tempestades. El gobierno del navío necesita de poner en relación a los marineros con la nave que debe ser salvada, con el cargamento que es preciso conducir al puerto, y todo ello en relación con sucesos tales como los vientos, los escollos y las tempestades.

 

La metáfora puede ser entendida de varias formas, por una parte representa las ocupaciones de los gobiernos mientras conducen al Estado en forma de navío hacia un horizonte con determinada dirección y por otra parte advierte de la necesaria inter-relación de intereses que se dan al interior de la nave. Se visualizan simbólicamente dos ejes de gobierno (hacia fuera y hacia dentro) que deben estar conectados entre si.

 

Desde la Teoría del Gobierno se plantea algo parecido a gobernar la nave con “horizonte-dirección” y se intenta responder a interrogantes como ¿quién gobierna? ¿qué gobierna? y ¿cómo gobierna?, asumiendo cuestionamientos que nos llevan a reflexionar sobre cuál es el verdadero problema del gobierno. Esto interpretaría que el poder del capitán es el poder de quien gobierna. El cómo se somete a los marineros y qué aparatos institucionales utiliza para desplegar ese poder serían los problemas del gobierno.

 

El gobierno, representado en el capitán, es quien genera el poder, es quien delimita y controla el territorio del Estado, es quien se encarga de controlar todos los espacios del navío, es quien genera sentido de pertenencia, existencia y compromiso en los marineros. Las permanentes relaciones entre capitán y marineros generan tensiones que deben ser resueltas entre formas institucionales y modos culturales. Desde el punto de vista hegemónico, gobernar hacia fuera consiste en darle norte al navío y gobernar hacia dentro significa hacer uso de las instituciones ya sean de control, represión o asignación a través de políticas públicas que transformen los intereses de los marineros en intereses de toda la embarcación.

 

En el modelo del barco, existe un actor fundamental e indispensable para darle vida a la metáfora. Se trata de la economía de mercado representada en el espacio de agua donde navega la embarcación llamada Estado. En Latinoamérica, en la década del noventa, una vez redefinido el modelo de desarrollo de los Estados, se pone énfasis en el avance del neoliberalismo como nuevo modelo de desarrollo. Esto se traduce en una transformación profunda de las estructuras económicas abandonando el modelo desarrollista centrado en el rol activo del Estado y apoyándose en la liberalización de los mercados.

 

Los Estados se hacen más pequeños porque los mercados se hacen protagonistas del desarrollo, provocando que la mayoría de embarcaciones se lanzaran a mar abierto. Este nuevo modelo de globalización acelerada, economía capitalista, tecnología e independencia monetaria y crediticia se convirtió en la brújula de muchos capitanes. Debido a dicho proceso de globalización los navíos más fuertes lograron avanzar, mientras que las embarcaciones más débiles que no lograron adaptarse a los mercados mundiales, a la nueva ola, estuvieron condenadas al subdesarrollo.

 

En Latinoamérica el contexto es doble, por un lado de globalización económica y por otro lado, de fragmentación social. Todas la embarcaciones navegaban sobre la lógica de la internacionalización de los mercados con gobiernos competitivos y capitanes dispuestos a insertar sus navíos en olas productivas, comerciales y financieras. Sin embargo, al interior de los barcos existe el mayor de todos los problemas para el gobierno ya que las diferencias y distancias sociales entre distintas clases y diferentes miembros de la tripulación se hacen cada vez más evidentes. La tentación de dar respuesta a los problemas de fragmentación social, recrea un escenario propicio para el asenso de nuevos capitanes populistas o totalitarios que prometieron compatibilizar una conducción hacia la ola de la integración con la economía mundial.

 

Si lo intentamos ver a nivel mundial, al hacer una cronología por décadas del comportamiento del mar, con sus vientos y tempestades, podríamos pensar que en la década de los ochenta se desata una revolución hacia la desregulación del sector financiero, la cual se acelera en los noventa aumentando la brecha entre ricos y pobres. En el 2000 el sector financiero, las agencias internacionales e incluso algunos académicos fallan con sus informes sobre la economía y fundamentan los ideales de la dinamización del mercado sin importar el costo social. La idea de las embarcaciones fuertes es que si se está haciendo dinero, el navío va por buena dirección. En el 2008 llega el tsunami y todo es un maremoto sin control, el mercado inmobiliario cae de golpe y no existen capitanes responsables de dicha conducción.

 

Se ha preguntado alguna vez ¿hacia donde va nuestra embarcación? y ¿qué tipo de capitán tenemos?

 

Esta columna también se encuentra en politicadirecta.net / @politicadirect



Etiquetas:   Política

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