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El horario de la telenovela


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05/03/2012


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Anais Triana es una joven cantante, dueña de una voz muy dulce. Sin embargo, Anais era prácticamente desconocida en Cuba. Un día interpretó una canción y de inmediato su voz se hizo muy conocida en todo el archipiélago. En una ocasión confesó haber hecho conciencia del alcance de su interpretación al salir a la calle en horas de la noche y, en medio del silencio impuesto por el horario, escuchar su voz saliendo de todas las casas en su recorrido.


No se trata de una exageración de la joven intérprete, sino una consecuencia lógica de haber puesto su voz al tema de despedida de la más reciente telenovela cubana: “Bajo el mismo sol”.

Las telenovelas se han convertido en un elemento importante en la vida de los cubanos. Desde aquellas primeras transmisiones radiales de “El derecho de nacer”, radionovela que se considera el suceso dramático radial más importante de su época en Cuba, los habitantes de este archipiélago han adquirido un extraordinario gusto por esa pasión de “espiar” vidas ajenas que se desenvuelven durante cientos de capítulos, en escenas de mayor o menos similitud con las vidas que ellos mismos llevan a diario.

Normalmente el horario de la novela se divide entre una producción nacional y otra foránea, de preferencia brasileña, que se dividen a su vez la preferencia de los televidentes, aunque, según expertos y críticos, las producciones nacionales que mejor reflejan la contemporaneidad cubana, se lleva siempre las palmas.

Pero no se trata de un gusto pasivo, asimilación sumisa de historias que se narran. Cada producción audiovisual se pone de inmediato bajo la mirilla popular que suele ser tan benévola o tan ríspida como caracteres conviven en un hogar.

A veces esta divergencia de opiniones suele ser el reflejo de una discordia más profunda: las coincidencias de horario entre la telenovela y las transmisiones deportivas. En no pocos hogares cubanos entonces, se vive una “guerra fría” entre hombres que abogan por al partido de pelota de turno, y las mujeres que por nada del mundo se pierden los ires y venires de los protagonistas de turno. El ganador de esta confrontación suele ser…pues bueno, a fin de cuentas todos conocemos las mañas de las mujeres.

En casa tuve mis propias batallas, en mi caso, contra la poderosa infantería que conformaban mi abuela y mi madre. Confieso que mis victorias solían ser pocas y pírricas, hasta que aprendí nuevas técnicas disuasorias que me permitían obtener ciertas ventajas de la ancianidad de mi abuela, quien con el tiempo se hizo menos adicta a las novelas de turno (sobre todo las cubanas donde “tantas malas palabras se decían”); o de esa fibra de amor materno que es posible tocar con los gestos y las miradas adecuadas. Sólo así pude hacerme de las herramientas apropiadas para disfrutar, en el sacrosanto horario de la novela, de juegos de postemporada de la pelota cubana, de partidos de fútbol o de las jornadas de juegos multideportivos que se transmitían en otro de los canales de la televisión cubana.

Pero regresemos al gusto de los cubanos por las telenovelas y las curiosas historias que alrededor de ellas se viven.

Una simpática mujer revive entre sus vecinos las historias contadas por la telenovela más reciente. Las gripes estacionales reciben prontamente el nombre de la villana de turno, mientras toda una generación de niños y niñas son bautizados con el nombre de los protagonistas del culebrón que ocupa el horario estelar.

Desde los primeros capítulos ya se especula sobre el destino de los hombres y mujeres que viven sus ficciones tras la pantalla y pronto circula de mano en mano, de e-mail en e-mail, la versión escrita del final de la novela; lo cual, sin embargo, no disminuye la expectación ante cada nueva entrega, o la cara de fastidio cuando la música de despedida trunca una escena definitoria y mantiene el suspenso durante 48 horas más.

Muchos actores y actrices cubanos han perdido sus nombres por el de sus más encumbrados papeles, y no pocos, han tenido que aguantar estoicamente los improperios con los que, en medio de cualquier calle habanera, le recrimina por el comportamiento de su personaje más reciente.

Por estas fechas la televisión cubana transmite, en diferentes horarios, varias de estas producciones audiovisuales, algunas de estreno y otras retransmisiones que el público asume como nuevas, a tal punto de emitir los mismos juicios que emitieron en aquellos días en que las historias sorprendían por la novedad. Así, en un día, las amas de casa pueden disfrutar de hasta cuatro telenovelas y parece nunca serles suficiente.

 



Etiquetas:   Reflexión   ·   Televisión

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