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El Titanic traía a bordo 2.224 pasajeros, de
los cuales fallecieron 1517 y se salvaron 707. Medía 828 pies de eslora (Longitud),
pesaba 66.000 toneladas, su velocidad era de 24 nudos, llevaba 24 botes de
salvamento, y tenía tres hélices para impulsarse poderosamente sobre las
aguas. En aquel viaje llevaba numerosos camarotes vacíos, pues podía
transportar cómodamente hasta 3000 personas. A la media noche sufrió el impacto
fatal en su casco por la banda estribor, es decir, por la derecha de la
embarcación.
Los que saben numerología sagrada ya se habrán fijado
en el número de sobrevivientes, 707, un doble siete, un catorce muy especial.
Justamente, CATORCE AÑOS ANTES, en 1898, un novelista
norteamericano de ciencia ficción, llamado Morgan Robertson (1861-1915),
publicó una novela llamada FUTILIDAD, donde narraba el viaje inaugural de un
poderoso transatlántico británico que chocaba con un iceberg en una noche de
Abril, medía 800 pies de eslora o de largo, pesaba 70.000 toneladas, llevaba
3000 pasajeros, tenía 24 botas de salvamento, y tenía tres hélices. Y se iba a
pique. El buque se llamaba TITAN.
Como se puede ver las coincidencias son demasiadas
para pasarlas por alto. Se observa un 90% de semejanzas. La noche de Abril,
buque británico, viaje inaugural, choque con el iceberg, longitud, número de
botes, número de hélices, capacidad de transporte de pasajeros, bastante
cercanía al tonelaje, y semejanza de nombre. Misteriosamente Morgan Robertson
había sintonizado una información que sólo podía estar en la Mente de Dios, ya
que El Eterno trasciende el tiempo y conoce el futuro por ser Señor de la
Historia. Un novelista, que también era ex-marino mercante, se había
manifestado como Profeta de Dios.
Pero la cosa no termina allí. Todos los estudiantes de
Teología saben que muchas profecías de la Biblia son de doble aplicación, se
pueden cumplir dos veces, con características idénticas o muy parecidas. Pues
bien. En 1935, en una noche de Abril, un barco británico viajaba por el
Atlántico norte, en ruta de Gran Bretaña a Canadá. A bordo viajaba un marino de
apellido Reeves, que esa noche estaba de turno, y que había leido algunos años atrás
la tragedia del Titanic, y le había impresionado mucho, pues la fecha del
hundimiento coincidía con la de su cumpleaños.
Estaba de guardia, y con sus ojos cansados intentaba
perforar la oscuridad del mar, era medianoche, todo parecía en calma, el mar se
veía como una taza de leche, pero interiormente no podía de dejar de pensar en
lo que había leido del hundimiento del Titanic, y asociaba en su mente aquella
noche trágica con esta noche en particular, mientras se aferraba al timón de la
nave. De repente, muy vagamente percibió una sombra a la distancia, y gritó a
la sala de máquinas la orden de mover las hélices en reversa, se le obedeció al
instante, pero la inercia de un buque en el agua es grande, por lo que siguó
avanzando cien metros más antes de comenzar a retroceder.
La brusca maniobra despertó a todos, pero al salir a
mirar por la borda todos vieron que no había solo un témpano frente al buque,
sino que varios, y que se estaban moviendo y rodeando al barco, y tuvo que
parar sus máquinas completamente, y emitir un llamado de auxilio radial para
pedir que un rompehielos viniera a rescatarlos, pues no había escape.
Pero se salvaron todos, buque y tripulación, y el
barco se llamaba TITANIAN. .... .- La antigua profecía volvía a cumplirse, pero
si en la primera vez triunfó la muerte, ahora triunfó la vida.
NO CREO EN PROFECÍAS, GARAY, PERO DE HABERLAS, LAS
HAY. Y más vale estudiarlas.... .-