Políticos del siglo XIX y Robin Hood

 

. De inicio no parecen preocupados por plantear las propuestas que acompañaran el ejercicio de su gobierno, buscan generar la “confianza” que ellos mismos se han encargado de perder a lo largo de los años. Prometen reformas en la economía, la educación, la salud y elevar la calidad de vida de los mexicanos y mexicanas. Los candidatos con perfil del siglo XIX se dirigen a un electorado del México del siglo XX con necesidades del siglo XXI. Uno de los elementos claves que los partidos hegemónicos han sido incapaces de resolver es un principio básico en las reales democracias: distribución de la riqueza. Sea quien sea “el elegido” no puede dejar este tema como parte de un discurso de campaña. Para lograr distribuir riqueza se requiere a su vez de algo que México ha carecido a lo largo de su historia: una recaudación fiscal eficiente. Cuando la actual administración plantea una política hacendaria para la competitividad olvida que el tema del Teleton, el redondeo promovido por instituciones “altruistas”, los automóviles deducibles de impuestos son un agujero negro fiscal del tamaño del Océano pacífico. Y es que México es un país que tiene la lógica de los monopolios: Carlos Slim (Telmex), German Larrea (Grupo México), Alberto Bailleres (Industria peñoles), Ricardo Salinas Pliego, Jerónimo Arango (Wal Mart) Daniel Servitje Montull (Bimbo), Emilio Azcarraga Jean (Televisa), Roberto Gonzáles Berrera (Banorte), Roberto Hernández Ramírez (Citigroup), Alfredo Harp Helú (Inbursa), Lorenzo Zambrano (Cemex) y María Asunción Aramburuzabala Larregui (Grupo Modelo). Todos ellos han aparecido en la lista de Forbes gozando de una inmunidad hacendaria que no tiene precedentes en otro país. La cifra aproximada de recaudación es menor al 20% del PIB y esta principalmente concentrada en la clase media. Ese agujero fiscal impide generar salarios para eficientar un cuerpo policíaco que en vez de tener como prioridad la seguridad de sus ciudadanos buscan en la corrupción un medio a través del cual generar ese extra que les permita mejorar la calidad de vida. Así el maestro y la educación, el médico y la salud, el abogado y la ley, etcétera. La tendencia de es mantener el Status Quo en base a la ignorancia que promueven las principales televisoras del país. Si agregamos el ingrediente religioso encontramos una ciudadanía resignada en el guadalupanismo esperando que el reino de los cielos les traiga un poco de justicia a través de un mesías como el Nieto, la Mota o el Peje. En esa coyuntura el bandolerismo ha escrito su historia en México, desde Heraclio Bernal “El rayo de Sinaloa”, Joaquín Murrieta “El zorro” y Jesús Arriaga “Chucho el Roto”. Estos personajes guardan varias semejanzas entre sí: surgen a partir de la lógica de un estado tirano, operan al margen de la ley, se han ganado la admiración del pueblo que los convierte en un mito y cubren espacios que el estado ha perdido. En la actualidad ese complejo de Robin Hood pareciera estar cubierto por el narco. El ciudadano promedio pareciera tener más confianza en estas figuras que en las mismas autoridades. Cuando se tocan las puertas para conseguir algún trabajo, cuando la fila del hospital es demasiado larga para una urgencia, cuando las políticas públicas se reducen a la lógica limosnera de un grupo de multimillonarios, cuando la educación se convierte en un obstáculo para escalar en el intrincado escalafón socioeconómico mexicano el narco surge como la opción más viable. Mientras el hijo del vecino con doctorado terminado que habla cuatro idiomas y lleva cinco años desempleado el Chapo Guzmán aparece en la lista de Forbes junto a los grandes empresarios sin haber terminado la primaria entonces es cuando uno se pregunta ¿de qué sirve la educación en este país? Y es que decir la verdad se ha convertido en pecado, las pocas figuras públicas que se han atrevido a hablar con honestidad del tema terminan disculpándose frente a los medios por miedo a perder su trabajo, ejemplos como Javier Aguirre y Kate Del Castillo entre otros. Mientras la historia se siga repitiendo y los medios legales para tener acceso a una mejor calidad de vida la guerra del narco seguirá apilando cadáveres inútilmente e incrementando las ganancias de los mercaderes armamentistas y quien sabe tal vez dentro de cien años se hable del Chapo Guzmán o del Mayo Zambada como nuestro Robin Hood. http://surcic.blogspot.com/ 

UNETE



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