. Creí que, cuando lo hiciera, estas líneas las dedicaría a comentar
sobre los textos adquiridos durante los cinco días de la versión santiaguera de
esta XXI edición de la fiesta de los libros. Sin embargo, esa columna tendrá
que esperar.
Mi visita a
la sede central de la feria en esta ciudad resultó decepcionante. Una vez más
los problemas organizativos afloraron, lo cual resulta increíble en un evento
cuya planificación (con fechas e itinerarios incluidos) se remonta a todo el
año anterior.
Así, a las seis
de la tarde de ayer miércoles, los anaqueles de los diferentes espacios de
venta exhibían una muy pobre variedad de títulos, muchos de los cuales no se
incluían dentro de las novedades anunciadas para esta ocasión. Tan vacías y
aburridas estaban todas las áreas del Complejo Cultural Heredia (sede de la
feria en esta ciudad) que parecía más el día posterior a la clausura del
evento, que la primera jornada de un acontecimiento de tal magnitud.
Para no caer
en redundancias o hacer leña del árbol caído, los invito a leer (si así lo
estiman conveniente) más detalles sobre las primeras impresiones de este primer
día de feria, en el blog Santiago
en mí.
Mientras tanto,
seguiré a la caza de los títulos prometidos.