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La fiesta de los libros


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29/02/2012


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¡¡Hoy comienza la Feria del Libro en Santiago de Cuba y yo sin un quilo en los bolsillos!! Casi me lamento por el descuido de llegar a esta fecha sin los ahorros necesarios para darme el placer de aumentar mi pequeña pero querida biblioteca. Pero más que seguir imprecando mi suerte o mi imprevisión, tomo como pretexto el inicio de esta fiesta de los libros en mi ciudad, para comentar un poco sobre Ferias y libros en Cuba, siempre desde mis muy personales vivencias.


Una de las imágenes más queridas de mi infancia devuelve la figura de mi madre llegando a casa con varios libros en sus manos, entre ellos, algunos magníficos ejemplares para colorear. Llegaba mi mamá de una feria del libro y quizás fue ese el primer momento que escuché de la existencia de estos eventos.

La segunda certidumbre sobre la existencia de la Feria, llegó en mis años universitarios en la capital cubana, el epicentro del acontecimiento literario. Aquellos tiempos en los que hacíamos magia con el efímero dinero de nuestro estipendio y lo que nuestros padres enviaban mensualmente, para poder hacernos de los libros de interés. Eran esos días en los que el tema de conversación giraba entorno al libro comprado, los títulos disponibles o la mejor librería para adquirirlo; días en los que las taquillas de los cuartos en la beca se transformaban en libreros, hasta la fecha en que un viaje de regreso a casa nos permitiera trasladar la preciosa carga.

Ya en los últimos tiempos mi relación con la Feria del Libro ha quedado indisolublemente unida a mi ciudad donde, más allá de desaciertos y disgustos, sigo a la caza de los títulos y autores que aún me debo.

La que se inaugura hoy en Santiago de Cuba y otras provincias del oriente del país, constituye la edición XXI de estas ferias y está dedicada a las culturas del Caribe, así como a los intelectuales cubanos Zoila Lapique y Ambrosio Fornet.

Conocida en sus inicios como Feria Internacional del Libro de la Habana, en los últimos años este acontecimiento desborda las fronteras de la capital para convertir al archipiélago en una librería gigante. Luego de su primera etapa capitalina, en los predios de la antigua fortaleza militar de La Cabaña y otras subsedes, la feria inicia un recorrido por todo el país, de occidente a oriente, hasta su clausura oficial en estas tierras santiagueras. Durante este trayecto los libros llegan no sólo a las librerías, sino que invaden plazas, teatros, parques, serranías y poblados.

De esta forma, durante poco menos de un mes, la literatura y los libros domina gran parte del acontecer noticioso en Cuba; convirtiéndose en uno de los sucesos culturales de mayor convocatoria. Muestra de ello fueron los más de 2 millones de personas que visitaron, en la edición anterior, los diferentes escenarios de venta en los cuales se vendieron más de 1 millón 700 mil ejemplares. En lo que va de esta XXI Feria, más 270 mil visitantes ya habían pasado por las librerías dispuestas para la ocasión.

Cuando se dice que la Feria Internacional del Libro en Cuba es una fiesta no es una exageración. Las calles se llenan de un bullicio característico y las sedes del evento en las diferentes provincias desbordan de público, entre los que resaltan por su peculiar colorido, alegría y desenfado, los miles de pequeños que en sus uniformes escolares se adueñan de todo el espacio posible, se amontonan sobre los pequeños quioscos en busca de sus libros preferidos, generalmente, los dedicados a historietas y libros para colorear (estos últimos, lamentablemente, no tan extraordinarios como los de mi infancia); o simplemente pasan un rato divertido disfrutando de otras opciones infantiles que abundan durante estos días en el propio mundo de papeles impresos.

A veces es un verdadero dolor de cabeza deambular entre tanta algarabía, o extender los brazos por sobre las despeinadas cabecillas para, a todo pulmón, reclamar la atención de una vendedora a todas luces extenuada por el reclamo de los pequeños.

Pero estos inconvenientes forman parte de los avatares de una Feria del Libro en Cuba y quedan muchas veces para la anécdota.

Desde hoy la ciudad se hace cuento, novela, historietas y hasta recetario de cocina. Las familias se reúnen alrededor del libro. Largas colas se improvisarán a la entrada de librerías, mientras habrá quien prefiera tenderse sobre la hierba reseca por los pasos, a vivir por un instante las historias ocultas entre las páginas recién compradas. Por mi parte, ya algo se me ocurrirá para comprar, al menos, uno de los títulos que este año más ha llamado mi atención.



Etiquetas:   Libros   ·   Literatura   ·   Santiago de Cuba

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