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Ciencia y Religión


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29/02/2012

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Según se afirma habitualmente en diversos medios, la ciencia supondría a día de hoy la forma de esclarecer las dudas de la humanidad, de combatir la irracionalidad en la que el género humano se habría sumergido por seguir las creencias religiosas, todas ellas falsas. 


La ciencia sería así un elemento capaz de combatir la religión. Sin embargo, hemos de partir del hecho de que no existe ni una sola ciencia ni una sola religión, sino que como es sabido existen diversas ciencias y diversas religiones. Por lo tanto, las relaciones entre estos diversos tipos de ciencias y religiones habrán sido diversas a lo largo de la Historia.

Así se comprueba cuando surge la primera ciencia, la Geometría, en el contexto de la Grecia clásica. Y lo cierto es que los esbozos geométricos de Tales, Anaximandro y Anaxímenes incluyen elementos mitológicos, propios de la religión secundaria: es el caso del mapa mundi de Anaximandro, el primero en ser trazado, donde las tres partes del mundo, a saber: Europa, Libia y Asia, estaban rodeadas del Océano, entidad mitológica hijo de Urano y de Gea, y esposo de Tetis, la madre de Aquiles. Es al nivel de la tradición filosófica occidental, surgida en el contexto de la Geometría y confundida con la propia ciencia, donde se produce la crítica al delirio mitológico, que es sustituido por principios geométricos abstractos: el Agua de Tales, el Apeiron de Anaximandro, el Logos de Heráclito o las Ideas de Platón son producto de esta racionalidad geométrica impersonal.

Sin embargo, se dirá que con el surgimiento del cristianismo y de la Edad Media que la ciencia queda subordinada a la fe y a la voluntad de un Dios personal cuyos designios son interpretados por unos especialistas, un clero subordinado a la autoridad del Papa de Roma y de una Iglesia que habría sepultado cualquier tipo de racionalidad y habría sumergido a Europa en una «Edad Oscura», sólo superada por el Renacimiento producido en las ciudades-estado italianas. Esquema que no puede ser tildado más que de total y absoluto oscurantismo, pues si toda la tradición científica y filosófica de la antigüedad clásica se mantuvo fue gracias a la labor de esa Iglesia tan denostada, y si se produjo la tradición renacentista, tan ligada al humanismo, fue producto de la propia doctrina cristiana, que considera al hombre, en tanto que en él tuvo lugar la Encarnación del Verbo, como un ser dotado de la máxima dignidad. La expresión «humanismo cristiano» sería redundante, pues entre los musulmanes no existe ni rastro de tradición humanística, ni tampoco Renacimiento ni revolución científica alguna en unos países donde la religión lo anega todo, al no haberse formado una Iglesia similar a la cristiana. 

Todo ello influirá de manera dramática en la denominada «revolución científica» de la Edad Moderna, ya que el hombre asume el papel otorgado a Dios en la concepción del mundo de la Edad Media: como diría Gustavo Bueno, Dios pasa a ser aquello de lo que se habla para ser el lugar desde el que se habla. El hombre, mediante la ciencia, asume el papel de transformador efectivo del mundo (algo inconcebible para los griegos, que consideraban el mundo como eterno e inmodificable), en un sentido similar al que autores como Bacon anticiparon en forma de utopías como La Nueva Atlántida. La ciencia moderna surge así como resultado de la inversión de papeles entre el Hombre y Dios, y muy ligada al cristianismo: Copérnico, un clérigo católico, desarrolló la teoría heliocéntrica del Universo, aceptada por la Iglesia romana; Newton escribió El templo de Salomón mientras preparaba sus Principios Matemáticos de la Filosofía Natural, donde reservó un papel importante a Dios en su Escolio General, considerando la gravitación universal parte del «sensorio divino».

Hoy día, ni la ciencia ni los científicos pueden considerarse como algo opuesto a la religión, al menos si tomamos como canon la religión cristiana. No olvidemos que fue el agustino Gregor Mendel el primero en plantear, si acaso en esbozo, las leyes de la herencia genética, y fue el sacerdote belga Lemaitre quien acuñó la Teoría del Big Bang que tanto prestigio atesora entre los científicos dedicados a la Cosmología. En todo caso, lo que habrá que aclarar es que el conflicto entre Religión y Ciencia es en realidad una disputa al nivel de las concepciones que sobre la ciencia mantienen distintos grupos, religiones o sectas, no sobre las verdades científicas, que serían «comunes a todos los pueblos»: la teoría de la gravitación universal, el teorema de Pitágoras o la fusión nuclear son verdad independientemente de que su conocimiento se encuentre en manos de un ateo, un cristiano o un musulmán.





Etiquetas:   Religión   ·   Ciencias

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