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Cuando un gobernador
muere, otro se erige como el portador de esa bendición.
No creo -bueno, ojalá
así sea- que el auge de los contenidos dure por mucho tiempo, algún
día han de caer y qué mejor momento que hacerlo ahora, cuando ya
tenemos su sucesor.
Sabemos que algo en el
sistema educativo no va bien, y también que se están aplicando
contínuamente cambios – y muchos que están aún por llegar por el
bien de todos nosotros-. Creo que el siguiente paso podría ser un
intercambio de poderes.
Quiero a las masas
gritando: ¡Dejemos atrás la dinastía de los contenidos y demos
paso a un nuevo régimen, el de las competencias!
Respecto al tema de las
competencias no pretendo llegar a ninguna elucubración digna de los
antiguos sabios. Quiero
exponerlo, claramente y sin sombras, ante el mundo mediante
experiencias pasadas totalmente cotidianas y, por tanto, repetibles
en cualquier parte del globo terrestre.
Cuando
nos referimos a las ventajas que extraemos de las competencias
hablamos tanto de una formación de la personalidad como de una
funcionalidad a la hora de aplicar lo aprendido en la sociedad, al
mundo del trabajo y al de las relaciones personales.
Veamos
un ejemplo:
Tomemos a un alumno de
diez años en clase de lengua y literatura. La unidad que el maestro
esta explicando es la poesía.
Llegamos a la sesión
de evaluación y encontramos diversas preguntas en la prueba escrita:
1ª Cuestión:
Di, ¿qué es la
poesía?
2ª Cuestión:
a) Nombra diferentes
tipos de poesías
b) Di alguna
característica de esos tipos
3ª Cuestión:
Nombra los distintos
tipos de rimas.
¿Qué
observamos aquí? ¿qué ha aprendido el alumno? ¿sabe el alumno
acerca de la poesía? Si, pero ¿le va a ser útil o, al menos,
influir de alguna manera en su vida la poesía? Eso ya es una cosa
totalmente distinta.
¿Para qué queremos que un niño sepa que es la poesía si no sabe
componer una?
Parecen dos partes referentes a la poesía bien diferenciadas pero
ese pensamiento es sólo un espejismo. No nos engañemos, están más
relacionadas de lo que creemos.
No tenemos que permitir que nuestros alumnos terminen la unidad de la
poesía sabiendo sólo qué es la poesía y que pueda nombrar
distintos tipos de rimas.
Al
niño hay que enseñarle a identificar una poesía, que un mes
después diga mira profe, esto es también una poesía,
¿no?. A nuestro alumno hay que
enseñarle a crear poesía y a ver como se ha formado, ha de saber
leer correctamente una poesía y poder recitarla en público. Nuestro
aprendiz ha de ser competente con las poesías y ha de aprender a
apreciar este tipo de literatura y a conocer historia y sentimientos
a través de ellas. Ha de poder interpretar las poesías e
identificarse con ellas a la vez que escribir también acerca de lo
que tiene en lo más profundo de sus adentros.
La cosa cambia mucho ¿verdad? La cantidad de experiencias vividas y
aprendidas no sólo es mucho mayor que la de la metodología más
común -y con la que la mayoría de nosotros nos hemos formado-, sino
que la calidad de ellas es muy superior.
Luego de esto es cuando saldrá algún detractor hablando de tiempo.
Bueno, yo el tiempo prefiero no tocarlo demasiado, cada docente sabrá
cual es su forma de trabajar y a que prefiere darle más importancia.
Yo,
lo único que diré es que nos replanteemos, de no tener tiempo,
qué aprendizaje de los dos es más interesante para nuestros alumnos
-y, por tanto, para los próximos integrantes de nuestra sociedad-.
Allá cada cual.
Lo que más claro tengo día a día es que las competencias suponen
una dimensión superior a los contenidos. Van más allá de estos y
los engloban por todos los lados, aprendemos conceptos con ellas, los
ponemos en práctica -y aprendemos a ponerlos en práctica y
explicarlos, que esto los contenidos no lo tienen en cuenta- y nos
ofrecen unas actitudes positivas frente al aprendizaje, un respeto
por los compañeros -y la sociedad-, un dualismo de cooperación y
autonomía y una tolerancia por todas las etnias y culturas del
planeta.
¿Para qué queremos saber que es una cosa si no somos competentes en
ese campo? ¿para qué conocer respecto a un tema si no sabemos qué
hacer con él, cómo aplicarlo, dónde buscar información sobre el
mismo ni pensamos en recurrir a algún compañero que nos asesore?
Todo es cuestión de una obsolescencia de los contenidos
prácticamente feudales. El único muro que existe entre su
desaparición total es las ganas –no demasiadas- de renovarnos -a
nosotros y al sistema-.
Siguiendo con las competencias, desde un punto de vista -por decirlo
de alguna manera- espiritual, ser competentes nos hace ser mejores
personas, de mayor calidad humana, Todo es conocimiento, pero algunos
tipos de él son más profundos y de mayor validez a la hora de
integrarse la sociedad, ¿acaso no admiramos más a un poeta que a
alguien que sabe sobre poesía?
Desde
el otro punto de vista, el funcional, nos encontramos en que las
competencias básicas -y después unas especializadas que ya uno
personalmente adquiere- son mas útiles
a la hora de trabajar.
Veamos una situación que ocurre cada día en casi cualquier parte
del planeta.
Nos
encontramos en la tienda de informática de mi barrio, donde se vende
y se repara por igual.
Son las
diez de la mañana y entra un cliente.
Cliente:
Buenos días, vengo a que me formatee el ordenador.
Dependiente:
Buenos días, ¿necesita formatearlo? Bueno, yo le puedo explicar
el proceso.
Cliente:
No, no importa, no tengo demasiado tiempo así que se lo dejo y
cuando termine me avisa y paso a recogerlo.
Dependiente:
Lo siento, pero no se formatear un ordenador.
Cliente:
¿Pero reparan ordenadores aquí?
Dependiente:
Bueno, si quiere le digo los distintos programas para
formatearlo, se los puedo ordenar alfabéticamente, le puedo explicar
cada paso y, si quiere, le puedo hasta dar los nombres en latín.
Cliente:
Mejor déjelo, hasta luego.
El
cliente desaparece y el dependiente acaba de perder dinero por saber
acerca de todas las aplicaciones pero no conocer el funcionamiento de
ninguna.
¿A quién creen que en cualquier empresa van a contratar? ¿a
alguien que sepa cosas o que sepa porque las sabe y sepa como moverse
con ellas?
Lo preguntaré de nuevo y por última vez, ¿qué quieren? ¿saber
conceptos o conocer verdaderamente las cosas?
Por supuesto, existirá
la posibilidad de mantener unidas las competencias con los
contenidos, siempre y cuando haya tiempo para todo.