El rediseño de los destinos turisticos de Quintana Roo
Confesiones.
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El filosofo y
escritor español Miguel de Unamuno, paso a la posteridad entre otras cosas por
su célebre frase “el progreso consiste en renovarse” misma que la sabiduría
popular transformo coloquialmente en el refrán “renovarse o morir”
Si bien es
cierto que la implicación y el sentido de la sentencia, por su carácter
universal, puede abarcar todos los ámbitos que conforman el desarrollo de la
sociedad, cito este proverbio, porque hoy sin lugar dudas coincide con un
aspecto fundamental, relacionado con la necesidad que los destinos turísticos
del Estado de Quintana Roo, tienen para dar paso a una evolución que les
signifique mantener su vigencia, consolidarse y enfocarse a lo que tendrá que ser una nueva
etapa de su desarrollo.
Por sus
características la actividad turística esta siempre en movimiento, la
competencia exige innovar la oferta, adecuarse a las exigencias del mercado,
para ofrecer productos acordes a la demanda, como sustento de una promoción
efectiva, que finalmente consiga el objetivo de seguir atrayendo visitantes.
Los modelos, aun
y a pesar de ser exitosos, requieren de renovación para no agotarse, sobre todo
en un tipo de mercado en el que cotidianamente se fomentan nuevas experiencias
y se apuesta por los más altos estándares en la calidad de los servicios, los que
acompañan los escenarios sin distingo de su tipo.
Bajo esa premisa
y partiendo de la base de que en nuestra entidad, los polos turísticos tienen
de origen una fortaleza natural en sus playas, su entorno, los sitios
arqueológicos, conectividad e infraestructura con la que cuentan, podría
pensarse que dada esa ventaja y el prestigio ganado a través de los años, el
punto principal de atención en adelante tendría que referirse básicamente a la
promoción, es decir mantener a la clientela tradicional y en simultaneo apostar
por la búsqueda de nuevos mercados, atraer diferentes segmentos de turistas.
Sin embargo, el
desgaste del modelo infiere un análisis de situación, porque los diferentes
conflictos por las que hemos transitado en el pasado reciente, nos referimos a
fenómenos meteorológicos, la crisis sanitaria y las económicas de carácter
mundial, como la mala publicidad que genera la inseguridad, han dejado ver
algunas debilidades que si bien no todas son atribuibles al ámbito local, de
cualquier manera tienen un efecto muy importante en los porcentajes de
ocupación.
Siendo así, es
evidente que la promoción requiere de apoyos, que estos deben orientarse a la
diversificación de lo que se ofrece como experiencia al visitante, más allá de
solamente dar mantenimiento a la infraestructura existente.
Porque si
partimos de la idea de que al aumentar la oferta de atracciones se fortalece al
destino de manera general, esto también puede contribuir a la creación de otro
tipo de negocios y a una mejor administración de las tarifas, asunto que no
podemos dejar de mencionar, principalmente porque a raíz de los conflictos y
las crisis señaladas, se han tenido que disminuir en algunas épocas de manera
dramática, para poder mantener niveles de ocupación más bajos de los tradicionalmente
acostumbrado.
De acuerdo a
esta reflexión, hay algunos aspectos que sobresalen para ejemplificar la
situación a la que nos referimos. La primera de ellas se circunscribe al
aspecto de la imagen urbana, el peligro de sobre densificar sitios tan frágiles
como la zona hotelera de Cancún, con lo que eso significa en materia de tráfico
vehicular, prestación de servicios públicos y su impacto de carácter ecológico.
Porque mientras
por un lado se plantea la construcción de más espacios, debemos reconocer que
hay áreas en la misma zona hotelera que están en completo abandono, tanto
habitacionales y comerciales, algunas sumamente desatendidas y otras de plano
abandonadas, con una severa afectación de imagen. No se trata nada más de
construir más por el simple hecho de hacerlo, sino de reorientar lo que ya
existe, pero sobre todo de analizar cómo aprovechar mejor lo que se tiene para
hacerlo productivo.
El otro ejemplo
a mencionar tiene que ver, en este caso en la Riviera Maya, con una estrategia
de atracción de un turismo masivo que llene los hoteles, con tarifas muy bajas,
enfocado al mercado del todo incluido, pero que de origen es de bajos recursos
y no genera derrama en las otras actividades de la región.
Esto inhibe la
instalación de otro tipo de negocios, sobre todo en el ramo de los servicios,
toda vez que aun y cuando se logra tener altos porcentajes de ocupación, esto
no infiere en la circulación de dinero, el visitante del todo incluido viene
con paquetes muy económicos pagados con antelación, en muchos casos incluso a
crédito y muy difícilmente durante su estadía, compra o come fuera de las
instalaciones hoteleras. Evidentemente eso resulta un desperdicio, porque los
beneficios de la actividad turística se contraen y no alcanzan a llegar los
diversos sectores que integran la comunidad.
Es esta
perspectiva la que nos empuja a creer, que la intención manifiesta de la
Asociación de Hoteles de Cancún, presidida por Rodrigo de la Peña y la oficina
de visitantes y convenciones también de Cancún, dirigida por Jesús Almaguer, de
impulsar estrategias y acciones para establecer mecanismos de diversificación y
aprovechamiento de los espacios existentes, a través de su renovación, de
acuerdo a las necesidades del mercado, no es solo correcta, es indispensable y
urgente.
Como en su
oportunidad lo ha bosquejado Francisco Córdova Lira, presidente del Consejo
Coordinador Empresarial del Caribe, quien plantea que esos espacios se utilicen
de manera integral, precisamente para que la relación entre el turismo y la
construcción sea armónica.
Seguramente en
ello habrá quien opine en contrario o se resista, porque ese tipo de cambio
requiere de inversión privada, pero si no se entiende que esta transformación
es esencial, como apuntábamos, el modelo seguirá corriendo el riesgo de seguir
agotándose.
En el rediseño
planteado en lo general, no se trata solamente de remodelar, sino de planificar
el aprovechamiento de muchos espacios abandonados para la creación de servicios
alternativos que se conviertan en oportunidad de negocio.
Ahí está lo que
ha comenzado a hacer Pedro
Pueyo, propietario de grupo Oasis, con sus cuatro mil habitaciones,
independientemente de renovar su infraestructura hotelera, Pueyo quien es
además un pilar de la industria hotelera local, no solo por la enorme cantidad
de cuartos que posee, sino porque ha sido desde hace décadas uno de sus mayores
impulsores, entendiendo esta necesidad se enfoca a la oferta de variados
espectáculos, de gran calidad y envergadura internacional, que no solo
persiguen aumentar su propia ocupación, sino poner a Cancún al nivel de
destinos como Las Vegas, en los que el entretenimiento juega un papel esencial
de su oferta.
La estrategia
puede parecer riesgosa, sin embargo si se reconoce que en ella hay una visión
de largo plazo, que es incluyente, también hay que señalar que digna de
imitarse y por supuesto de reconocerse.
Se trata pues en
conclusión de renovarse para no morir, con todo lo que eso conlleva en el
intento, claro sin omitir que eso signifique un esfuerzo conjunto primero de
los empresarios y por supuesto de los tres niveles de gobierno en la parte que
les corresponde respectivamente.
Rediseñar
nuestros destinos para complementar sus fortalezas, cambiar con sentido e
intención, aumentar las posibilidades de negocio al tiempo de tener en la
diversificación elementos que por sí mismos se integren a la promoción,
pensando que eso será un argumento para el largo plazo, para la consolidación
del sector más importante de la economía de la entidad.
guillermovazquez991@msn.com
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