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OSCAR CASTRO. PALABRA HECHA POESÍA.


Inicio > Literatura
26/02/2012

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    " Yo me pondré a vivir en cada rosa y en cada lirio que tus ojos miren


    y en todo trino cantaré tu nombre... para que no me olvides "


         

        He de contarles, en esta ocasión, no de la lluvia de Temuco ni de los ferrocarriles que marcaron la infancia del niño Nefatalí Reyes ( Nuestro Neruda Universal ).

        Tampoco recorreré con ustedes el místico Valle del Elqui, Cuarta región de Chile, en donde se conjugaron cielo, viñedos y valles, para ver cómo Lucila Godoy, (Gabriela Mistral) humilde muchacha de pueblo, nacida en Monte Grande, llegaba a recibir el Premio Nobel de Literatura en 1945.

         He de hacer mención o , más bien, un acto de homenaje, a otro simple hombre, nacido en Rancagua, niño enfermizo al que la vida dotó de una extraordinaria sensibilidad.  

         Por los años 75 se escuchaba un grupo que musicalizaba sus poemas, eran Los Cuatro de Chile.  Ellos, con gran acierto y grandes voces, daban a conocer la poesía de Oscar Castro, logrando bellas melodías.  Un recuerdo vago de infancia "en blanco y negro" se me hace presente en el televisor Motorola que tenían mis padres, un verdadero mueble más de la casa, a tubos.   Allí escuché por primera vez esas letras que, sin saberlo, me llevarían en el futuro a enseñarlo en las aulas.  He aquí uno de sus poemas:





ROMANCE DE BARCO Y JUNCO

El junco de la ribera

y el doble junco del agua

en el país de un estanque

donde el día se mojaba, 

donde volaban, inversas,

palomas de inversas alas.





El junco batido al viento

-estrella de seda y plata-

le daba la espalda al cielo

y hacia el cielo se curvaba,

como un dibujo salido

de un biombo de puertas claras.





El estanque era un océano

para mi barco pirata;

mi barco que por las tardes

en un lucero se anclaba,

mi barco de niño pobre 

que me trajeron por pascua

y que hoy surca este romance

con velas anaranjadas.





Estrella de marineros,

en junco al barco guiaba.

El viento azul que venía

dolorido de fragancias, 

besaba de lejanías

mis manos y mis pestañas

y era caricia redonda

sobre las velas combadas.





Al río del pueblo, un día,

llevé mi barco pirata,

lo dejé anclado en la orilla

para hacerle una ensenada;

mas lo llamó la corriente

con su telégrafo de aguas

y huyó pintando la tarde 

de letras anaranjadas.





Dos lágrimas me trizaron

las pupilas desoladas.

En la cubierta del barco

se fue llorando, mi infancia.

                         ( Oscar Castro Zúñiga. 1910 - 1947)

      

        Oscar Castro relata, en sus cortos años, grandes historias de hombres... de niños.  Tuvo romances, fue un hombre enamorado de la vida y del amor y todo ello pudo conjugarlo siempre con sutileza, sin aspavientos, casi sin ruido.    Una de sus novelas, por ejemplo, nos revela su estilo de hombre sencillo.  La tituló "LA VIDA SIMPLEMENTE". En ella nos introduce en el relato crudo de la vida en los suburbios, de cómo niños van creciendo en el entorno patético de la pobreza y los prostíbulos.  A pesar de tener todo en contra, es notable cómo se las ingenia nuestro autor para mantenernos con una luz de esperanza en el hombre y sus congéneres.





     Sus poemas de amor son de tanta delicadeza y entrega que conmueven, emocionan, nos acercan a la poesía y nos hace aspirar a ser más felices y más agradecidos de la vida.

     Nos invitan, en definitiva,  a ser más generosos. 

      

      En próxima columna les enviaré un poema de amor de nuestro poeta, para que lo conozcan y comenten.  Fue dedicado a la distinguida Sra. Isolda Pradel, su viuda, quien me brindó el privilegio de poder conocerla y escuchar de sus labios su propia historia de amor. 



El junco de la errro un dibujo salido

de un biombo de puertas claras.

para mi barco pirata:

mi barco que por las tardes

en un lucero se anclaba,

mi barco de niño pobre

que me trajeron por pascua

y que hoy surca este romance

con velas anaranjadas.

en junco al barco guiaba.

El viento azul que venía

dolorido de fragancias,

besaba de lejanías

mis manos y mis pestañas

y era caricia redonda

sobre las velas combadas.

llevé mi barco pirata.

lo dejé anclado en la orilla

para hacerle una en





Etiquetas:   Poesía

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