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Los 50 años de la canonización de San Martín de Porres


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26/02/2012

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Los 50 años de la canonización de San Martín de Porres






Una de las grandes alegrías del Papa Bueno, Beato Juan XXIII, en pleno Concilio Vaticano II, fue la canonización de San Martín de Porres el 6 de mayo de 1962.

Este Santo hombre entró en la Orden de los Dominicos y por el color, era hijo de un Español y de  una mujer  “negra”,  no le aceptaron, como era costumbre en la época, como religioso, ni  sacerdote, ni hermano. Le aceptaron como un simple “Donado”, que significa, un adjunto. Con el paso del tiempo, los frailes, vieron en él, tal calidad humana y  espiritual que le permitieron hacer la profesión religiosa como “Hermano Lego”, no  sacerdote, pero plenamente religioso.

Los animales le obedecían y él consiguió que, en distintas ocasiones, “juntar en un plato, perro, pericote y gato”. Fray Martín era el médico de Dios para todos. Y todos lo querían, desde las más altas autoridades hasta los más pobres de los pobres. 

Son incontables los hechos extraordinarios en la vida de este santo, como son las curaciones, milagros, éxtasis. Fray Martín ejerció durante mucho tiempo el trabajo de enfermero en el convento. Y fueron muchas las ocasiones en que aparecía misteriosamente en las celdas de los enfermos para socorrer sus necesidades justo en el momento en que lo necesitaban. Muchas veces hacía curaciones "milagrosas".

Se cuenta que en otra ocasión curó con los mismos procedimientos a un médico al que le habían diagnosticado que no tenía remedio humano y que le quedaban pocos días de vida. 

El Fraile Martín llevó también una vida de mortificación, ayunando constantemente, nutriéndose con un poco de pan y agua durante el tiempo cuaresmal, alimentándose de yerbas, raíces insípidas. A veces era obligado por sus superiores a desistir (a deponer, a no hacer) estas mortificaciones y a comer como los demás. Durante la noche destinaba muchas horas de oración en la capilla del convento delante de la imagen de Jesús crucificado, del santísimo sacramento o de la imagen de Nuestra Señora del Rosario.

A la edad de cincuenta y nueve años, Martín de Porres, cae enfermo y anuncia que ha llegado la hora de encontrarse con el Señor. La noticia causó profunda conmoción en la ciudad. Tal era la veneración hacia este mulato, que el Virrey Luis Jerónimo Fernández de Cabrera y Bobadilla, Conde de Chinchón, fue a besarle la mano cuando se encontraba en su lecho de muerte pidiéndole que velara por él desde el cielo.

Martín solicitó a los dolidos religiosos que entonaran en voz alta el Credo y mientras lo hacían, falleció. Eran las 9 de la noche del 3 de noviembre de 1639 en la Ciudad de los Reyes, capital del Virreinato del Perú. Toda la ciudad le dio el último adiós en forma multitudinaria donde se mezclaron gente de todas las clases sociales. Altas autoridades civiles y eclesiásticas lo llevaron en hombros hasta la cripta, doblaron las campanas en su nombre y la devoción popular se mostró tan excesiva que las autoridades se vieron obligadas a realizar un rápido entierro.

En la actualidad sus restos descansan en la Basílica y Convento de Santo Domingo en Lima, Perú junto a los restos de Santa Rosa de Lima y San Juan Masías en el denominado "Altar de los Santos Peruanos".





La escoba de San Martín de Porres





El Señor ha elegido “Su Escoba”, que es el Espíritu Santo, y ha ido transformando, “barriendo” y “puliendo” cada recoveco de nuestro ser al pedir su intercesión ante su trono y es esa escoba la que barre todos lo malo de nuestras vidas.





Beatriz Valerio





Bibliografía

Tradiciones Peruanas, Ricardo Palma, Editorial Vasco Americana, 1967

San Martín de Porres, Jose Antonio del Busto, Editorial Fondo Ed. PUCP, Lima 2006







Etiquetas:   Historia de Edad Moderna   ·   Religión
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Fernando Edmundo del Cármen Laredo Cárter, Escritor Importante recuerdo de este santo completamente cristificado, un místico integral que en vida llegó a ser omnipresente, unificándose totalmente con El Señor. Una civilización que recuerda e invoca a sus santos está abierta a lo trascendente, y por ello tiene la esperanza de transformar sus pecados en virtudes. Felicitaciones.










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