También es mi primera vez...

Hoy recibí el primer comentario a una de mis columnas. Andrea (nombre que se ha convertido poco menos que simbólico) tuvo la deferencia de comentar mis palabras y agradecerlas. Todavía los lectores son generosos.

 

../../columna/3715/12/cultura/sociedad/domino">mis columnas. Andrea (nombre que se ha convertido poco menos que simbólico) tuvo la deferencia de comentar mis palabras y agradecerlas. Todavía los lectores son generosos.
Reconozco que me invadió una alegría casi infantil, muy parecida a la que sentí en días pasados, cuando replicaron una de las entradas de mi blog en uno de los sitios digitales cubanos con más seguidores en la web.

Estas dos experiencias me hacen pensar: ¿de cuántas primeras veces está compuesta la vida?¿Cuántas experiencias similares vivimos mientras habitamos este espacio que se nos ha prestado?

Traté de recordar algunas de mis primeras veces y me di cuenta que, necesariamente, son muchas menos las que recordamos que las que realmente experimentamos. ¿Acaso alguno recuerda su primer llanto? Claro, como decimos en Cuba, el ejemplo lo “traje por los pelos”, pues no lo recordamos aunque todos sabemos que fue justo al nacer y que, más que un llanto, fue en realidad nuestro primer aliento, el aviso de que había vida en nosotros.

Otros casos menos extremos pudiéramos encontrar con un simple ejercicio mental. Yo, por ejemplo, no recuerdo exactamente mi primera cicatriz, mi primer juguete, mi primer regaño, el primer cuento que aprendí, y un largo etcétera.

Sí recuerdo mi primer baño bajo un aguacero, mi primer enamoramiento, mi primera novia (esas de SÍ o NO), mi primera novia (de las que hay que enamorar…bueno, más o menos), mi primer poema, mi primera mochila para la escuela (azul y blanco con Pinocho dibujado), mis primeros Juegos Panamericanos (La Habana 1991, aunque disfrutados en Santiago de Cuba), la primera vez que me perdí en el Parque Céspedes, la primer película erótica que vi, mi primer premio en un Concurso de Química, mi primer viaje a La Habana, mi primer regreso, mi primer cuento premiado, mi primer cuento publicado en soporte papel, y otro largo etcétera.

Lo interesante de toda primera vez es que no pasa inadvertida (aún cuando pueda o no trascender). Siempre tiene su pequeña dosis de tensión, de nervios estremecidos, de incertidumbre; o también de alegría, de sorpresa o de tristeza.

Una primera vez lleva implícito un futuro, una segunda vez; de ahí que son fuente de experiencia, necesaria para dotarnos de herramientas para vivir. Hay otras primeras veces que son únicas y suelen ser las que más nos marcan. Pero también existen las que nunca llegan, y a veces se deja la oportunidad de una primera vez por otra y entonces son dos las oportunidades perdidas.

Por eso creo que no hay que salir a buscar una primera vez, sino saber aprovechar las oportunidades de vivirlas. No temerles, sino experimentarlas al máximo. Y si provocan lo que en mi provocó este primer comentario a mis palabras, entonces pues que vengan muchas más.

UNETE



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