
. NN existenciales. Vaya si es verdad ese refrán que habla de que todos somos iguales, pero algunos son más iguales que otros. La escritora Josefina Licitra, en su libro “Los otros”, los resignifica mediante una crónica exquisita cómo estas personas, del corazón del conurbano bonaerense tienden a invisibilizarse en un sentir colectivo, desentrañando variadas complejidades. No nos vamos por las ramas, se lo prometemos.
Cualquiera que haya tenido la posibilidad de viajar por el Sarmiento sabrá de lo que hablo. Una bomba de tiempo, tic, tac, tic, tac y que, mediante períodos cíclicos, explota y colgamos heridos/muertos en las camillas, con caras de desconsolados, puteando, qué tragedia, rogamos a Dios que no vuelva a pasar, acomodamos un poquito el paisaje, hacemos como que no pasa nada y todo vuelve a comenzar. Son pobres, muertos que a nadie le interesa, que se apilan uno por uno pero pronto llegará otra noticia y el dolor de las familias, bueno, ya pasará. Ése cinismo atroz, el llanto desconsolado, tan vulgar que nos da náuseas, tan argentino a la vez. Y vuelve a suceder y quizás pensemos que los rezos a Dios no alcancen porque los hechos se reiteran y reiteran. Disculpen que me ponga místico, viajar en cualquier línea de tren en la Argentina amerita varias oraciones, plegarias, rosarios, estampitas de San Expedito, etc. El menemato supo dinamitar en poco tiempo el circuito de los ferrocarriles en Argentina, los pulverizó dejando a la deriva años y años de una política estatal inestable por la coyuntural del país pero al menos con una concepción predecible de unificar el territorio y apuntar a la descentralización por esta vía de transporte, la menos contaminante y de mayor velocidad y seguridad. Europa, mal ejemplo en muchas cosas, pero en este caso es un buen caso del poder de los ferrocarriles, que recorren casi el todo continente y son un factor económico de importancia. La putísima frase “ramal que para, ramal que cierra”, abroqueló y acrecentó el fomento a la centralización de Buenos Aires. Hoy, viajar en tren a una provincia es una espectáculo más cercano al turismo aventura que a un traslado por placer. El kirchnerismo no cambió la ecuación. Millones de pesos arriba de la mesa, subsidios entregados sin control alguno, teléfono que no atienden desde hace 9 años que están en el poder, no dos meses, ya las culpas van repartidas a medias, tercerización de servicios, pero de inversiones productivas y proyectos a mediano y largo ni hablemos. TBA, los Cirigliano, siguen, impolutos, acumulan irregularidades por dónde mires, acero que levantes, viaje que transites, las anomalías te saludan, te dan la mano. ¿No se le va a quitar la concesión? ¿Qué están esperando? Pienso en Ricardo Jaime, Juan Pablo Schiavi, responsables, muy responsables, se les dio la tutela del transporte y no, no, no sirvieron, incapaces o cómplices, esto es peor. El Estado, tapándose los ojos conscientemente pone plata, el dinero de todos, en bancar las tarifas, al menos hasta los primeros días de marzo para un servicio que da vergüenza a la dignidad humana. No hay que ser un erudito para desestimar esa frase “viajan como vacas”. No, señores, no. Las vacas viajan muchísimo mejor.