Mitos y certezas

José Manuel Peque Martínez

 

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Grupos a quienes las explicaciones científicas no convencen, por el motivo que fuera, y buscan en otro tipo de fuentes una respuesta que verdaderamente les convenza.

Realmente sigue habiendo personas que, por su educación, fe u otros tipos de condicionantes se resisten a olvidarse de sus ideas y no aceptan que la ciencia poco a poco va abriendo las puertas a los presuntos misterios que nuestra antigüedad y nuestros primeros pasos como especie civilizada y civilizadora. No entienden, o no quieren entender, que nada en el pasado surgió de repente sin unos pasos previos.

Generalmente quien duda de la autoría egipcia, y uno diría que casi de la autoría humana, de las tres grandes pirámides de la meseta de Gizah desconoce el Papiro Wescart donde se nos habla claramente de quienes fueron sus autores, y cuando y por qué se hicieron. Desconocen también que existen pirámides mucho más antiguas en Egipto, como la de Esnofru, la escalonada de Saqqara, la de Djedefra... y por último desconocen absolutamente que el hombre comenzó a pensar en abstracto y a construir viviendas arquitectónicas hace más de 20000 años, aún en pleno periodo paleolítico. Y que los primeros santuarios y lugares de rito se construyeron en ciudades anatólicas como Göbleki Tepe hace 9000 años, si no es que las de Çatal Höyuk o las recientemente encontradas en Arabia no son aún más antiguas.

Generalmente se tiene un concepto muy errado de la Prehistoria como una época larga y oscura en el que el progreso humano fue lineal por no decir inexistente y eso es caer en un error muy grave y sin embargo muy común. Ciertamente creer que un ser humano vivía igual en el Paleolítico Temprano que en el Medio o Superior es una muestra hiriente de ignorancia, y no digo nada de quien piense que en el Neolítico ocurría lo mismo que en estos tempranos periodos de la historia humana. Las divisiones cronológicas se realizan por algo y estas especialmente no se han hecho por capricho o por facilitar el trabajo a los profesionales, sino por marcar clarísimas diferencias entre las creencias, necesidades y modos de vida de los hombres de una época y de otra. Realmente lo único que diferencia a los últimos periodos prehistóricos de los plenamente reconocidos como tales es la ausencia de fuentes escritas conservadas.

Sin embargo el desconocimiento crea mitos modernos, Al igual que ocurría en la Antigüedad. Parece ser que la sociedad nunca avanza al ritmo de la ciencia y aunque esta hace tiempo que descartó teorías extravagantes para justificar los hechos del pasado la población parece empeñada a conservar ciertos mitos a los cuales busca motivos, sin investigar realmente en aquello que motivó tales logros, ni si anteriormente ya se habían logrado cosas muy parecidas a aquellas que se pretenden descubrir. Investigar una parte para intentar averiguar el todo no es hacer un estudio específico, sino hacer un intento parcial para demostrar que nuestra teoría tiene razón, cuando quizás la falsea otro tipo de datos que hemos pasado, voluntaria o involuntariamente, por alto.

Por lo tanto antes de crear un mito nuevo que lanzar a la población, el investigador debería hacer un estudio completo de aquello que investiga y no tener una conclusión ya fijada e inamovible, ya que un estudio que no tiene en cuenta los argumentos tanto a favor como en contra de su teoría previa es un estudio mal hecho, no científico y por lo tanto carente de validez.

Por duro que resulte para ciertas mentes, sólo el método plenamente científico nos acerca a la realidad de nuestro pasado. Y a veces el uso del sentido común y la lógica también ayudan.

 

UNETE



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