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Cuestión de odio


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24/02/2012

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Es muy complicado entender la desazón de conciencia que sufren algunas personas. Puede haber casos que esa pesadumbre se deba a determinadas averías en la maquinaria de la razón. Hay que reconocer que los afectados por este síndrome tienen planteado un serio problema de ética que les induce a cometer desvaríos sin sentir el más mínimo remordimiento. Si efectivamente serían conscientes de la significación mezquina de sus desvaríos, evitarían pronunciarlos.








Además de preocupante, es repugnante la soflama inmunda escrita en fecha reciente por la secretaria de Políticas Autonómicas de la Agrupación Socialista de Chamartín, una tal Martu Garrote. La irracional y vomitiva proclama, publicada por varios medios, hacía alusión a los sacerdotes asesinados durante la Guerra Civil: “Siempre digo que en España quemamos pocas iglesias y matamos pocos curas”. Cuando la individua reparó sobre la barbaridad soflámica, posiblemente advertida por algún sensato, la imprudente socialista se apresuró a eliminar el asqueroso comentario. Francamente pienso que personas del pensamiento y talante de Martu Garrote, dan miedo. Tienen cierto tic guerracivilista. Estoy casi seguro de que, cuando esta mujer decidió escribir esa barbaridad, lo hizo con plena convicción, decisión y sinceridad de lo que en ese momento pensaba y, seguramente, sigue pensando. El odio y la radicalidad son así. A veces ciega a las personas hasta límites insospechados.

Es muy posible, al menos por la edad que aparenta, qué esta señora socialista hable tan solo por referencias que haya leído o la hayan contado sobre el pasado. Ella no pudo quemar iglesias ni matar a curas; creo que no había nacido. Creo también que, de plantearse ahora la oportunidad y por muy bravucona que quiera aparentar, ella tampoco lo haría. Pero el solo hecho de que, sin haberlo vivido, muestre pesar por que en el pasado de nuestra más triste historia se ‘quemaron pocas iglesias y se mataron a pocos curas’, es como para recapacitar seriamente.

Seguro que Martu Garrote no es creyente. Es muy posible que tampoco esté de acuerdo con los valores que defiende la iglesia y los cristianos. Pero ella está en su derecho de no creer y merece todos los respetos. Pero una cosa es esa dádiva que nos proporciona la libertad y otra muy distinta que nos ensañemos con ira y con odio de violencia con lo que no es nuestro dogma, religión o, simplemente, con lo que no creemos ni nos gusta.

Ella dice ser socialista. Pues bien. Todos mis respetos. ¿Pero qué tiene que ver tu pensamiento ideológico para que justifiques la barbarie de quemar iglesias y matar curas? 



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